24 enero 2008

caminar en invierno

Salir a caminar a la montaña es un modo divertido de practicar ejercicio, relajarse y reencontrarse con uno mismo. Y el invierno no debería disuadirnos de hacerlo, pues el frío multiplica sus beneficios.


Cuando llega el frío quizá nos volvemos más perezosos y nos parece que salir al exterior a practicar algún deporte o tan solo a caminar supone demasiado esfuerzo o incluso resulta imprudente. Pero, como veremos, eso no es así y además contamos con una motivación extra: el sol ya no supone una molestia como en verano, sino un placer.

Caminar aporta, además, evidentes beneficios para la salud y el invierno es una estación óptima para hacerlo. Quien va bien abrigado no tiene por qué temer al frío e incluso puede verlo como una ventaja: al no hacer calor suda y bebe menos y se siente menos cansado, se quita de encima la sensación de entumecimiento que provoca el frío, respirar aire fresco le revitaliza… Y, sobre todo, es una muy buena forma de ponerse en movimiento y hacer algo de ejercicio, lo que tiene muchas ventajas para la salud, tanto física como mental: se previene la obesidad invernal, el ritmo de la marcha nos apacigua, aclara el pensamiento, calma la agitación, atenúa la pena, ayuda a buscar la inspiración y regula y estimula el pensamiento meditativo, reflexivo, poético, espiritual... La cadencia de los pasos es la música más antigua que compuso el ser humano.


  • Tres ventajas de caminar si hace frío



  • Mejora la circulación. Como consecuencia de la vasoconstricción producida por el frío en la superficie cutánea, la musculatura está más irrigada durante el ejercicio físico, lo que puede dar lugar, a través del entrenamiento y la exposición repetidos al frío, a un incremento de la capilarización sanguínea.

  • Acelera el metabolismo muscular. Cuando hace frío, durante el ejercicio se activa una mayor cantidad de fibras musculares rojas, que trabajan de forma aerobia, lo que estimula el metabolismo muscular.

  • Quema grasas. El estímulo del frío aumenta el metabolismo graso, lo que en último término incrementa el metabolismo anaerobio del ácido láctico. El frío ayuda a quemar grasa, reduciendo la resistencia de la insulina más que ningún otro ejercicio.

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