06 diciembre 2008

Obesidad infantil I

Introducción y definición de obesidad infantil

En los últimos años se ha generado mucha información sobre los riesgos que conlleva la obesidad y el aumento en la frecuencia de ésta, tanto en niños como en adultos, aumentando el interés por este problema de salud pública.
Recomendaciones para una alimentación sana en la infancia.

En los adultos se define y clasifica la obesidad mediante el índice de masa corporal (IMC) que es el resultado de dividir el peso (en kilos) por la altura (en metros) al cuadrado (peso/altura2). Los valores normales son los mismos para hombres y mujeres a cualquier edad.

En niños la forma habitual para definir y clasificar la obesidad es la comparación del peso del niño con el peso de una población de niños normales. Cada vez se usa más el IMC, pero en el caso de los niños se ha de tener en cuenta la edad y el sexo, ya que el IMC “normal” cambia con la edad de forma diferente en niños y niñas.

Por lo tanto no es posible dar una cifra o relación exacta que sirva para todos los casos, y para saber si un niño es obeso se debe recurrir a tablas específicas, que tienen los pediatras. Como regla general, los niños con un IMC superior a 30 se consideran obesos y deben acudir a la consulta de un pediatra, especialmente si la estatura es menor de la que debiera corresponder para su edad.

La frecuencia de obesidad esta aumentando en todos los países desarrollados. En España el 25% de los jóvenes menores de 24 años tiene sobrepeso y el 13% es obeso. Esta frecuencia es mayor en las provincias del sur que en Aragón y en Cataluña y, asimismo, aumenta a medida que se reduce el nivel socioeconómico.

Las causas de la obesidad infantil

El aumento en la frecuencia de la obesidad infantil se debe a diferentes factores que crean una situación en el que las calorías que se ingieren son superiores a las que se gastan y el exceso se acumula en forma de grasa.

Alimentos ricos en grasas

Un factor importante es la oferta de alimentos dirigidos o diseñados para los niños ya que muchos de estos productos son ricos en grasa y en calorías: la repostería, las hamburguesas, las salchichas, las patatas fritas, los “snacks”y los postres preparados, como natillas, arroz con leche etc., que cada vez se consumen con más frecuencia.

Entorno familiar

Otro factor, si cabe más importante, es el entorno familiar por la abundancia de alimentos y por recibir la presión de la sociedad y la propaganda.

Como consecuencia de la incorporación de la mujer al trabajo se crea una situación en la que mantener una alimentación tradicional a base de “comida casera” es cada vez más difícil y se van sustituyendo las verduras, hortalizas y legumbres por precocinados, embutidos o fritos, así como la fruta por repostería. A esta tendencia se une la poca afición de los niños por las verduras, el pescado o la fruta. Por lo tanto, se ha ido creando una situación que favorece cada vez más el consumo de calorías y cada vez menos el de alimentos sanos.

El sedentarismo es otro factor que se debe considerar. Los niños antes jugaban en la calle pero ahora suelen jugar en casa, donde la actividad física y por tanto el gasto de calorías es menor reduciéndose al mínimo cuando los niños juegan al ordenador o ven la televisión. Además, con frecuencia esta última actividad se acompaña de picotear o comer “snacks”.

Factores genéticos

Respecto a los factores genéticos, hay que indicar que son importantes ya que, con frecuencia, los niños obesos tienen padres obesos. De todas maneras, en muchas ocasiones esto solamente indica una alimentación incorrecta de toda la familia. En muy pocos casos la obesidad infantil se debe a un trastorno genético o a una enfermedad metabólica.

En resumen, los niños viven en un medio que favorece la obesidad y para contrarrestarlo es necesario observarlos y vigilarlos para evitar los factores que condicionan comer más de lo que se gasta.

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