31 enero 2009

EL RIO ODIEL ( II )

Ricardo Gómez Ruiz

El Río

A estas tierras dio su paisaje característico, vida y razón de ser a las diferentes culturas asentadas en sus márgenes el río Odiel, el Luxia romano, el llamado río de la Sal o de LosPuentes por el moro Rasis a mediados del Siglo X.

Ya en 1240, cuando Sancho II de Portugal toma Ayamonte, se cita al Odael y veinticuatro años mas tarde es nombrado Gudiel. Un siglo después, el Alcalde y Entregador del Concejo de la Mesta le denomina Guadiel y distintos documentos de archivo de los Siglos XVII y XVIII nombran al Odier, Hodier, Uruel y Huriel indistintamente.

La abundante información documental que existe sobre este curso de agua nos permite trazar una panorámica ecológica de su evolución a lo largo del tiempo:
Transcurre el río...entre montes demasiado altos...y no sirve su agua para otra cosa que para mover molinos de pan. No admite navegación...por los muchos y grandes peñascos que tiene en su fondo. Era temeroso en sus borrascas y de difícil vado en Invierno.

Tuvo en otras épocas...aguas de calidad exquisita...con pesca y...almejas en sus fondos arenosos. Sus márgenes estaban pobladas de bosques, frutales y huertas. También había tierras de labor que se extendían por los cerros colindantes.

Contínuas desgracias se daban en años de avenidas...siendo muchos los que morían “impelidos por la necesidad de paso”. Caudaloso en Invierno, ni aún en los meses de estiaje se vadeaba con facilidad.

En las presas de algunos molinos ofrecía sus servicios el barquero de vado. Criaba pescados de agua dulce que capturaban con red los molineros en las aliviaderas del herido.
El Odiel no servía para riego porque los terrenos que cruza son...estériles y de poca humedad, solamente útiles para...mover molinos de agua.
Las charcas estivales se usaban como enriaderos de lino y toda su cuenca hidrológica, además de soportar una considerable cabaña ganadera, abundaba en caza menor. Los lugares mas remotos eran “colegio insigne de lobos” y estaban poblados de reses cervunas y “jabalunas”.

Se nos muestra, por consiguiente, el Odiel como un río vivo en épocas pasadas, poco rentable para usos agrícolas por carecer de amplias vegas en sus orillas pero imprescindible como fuente de energía para panificar las cosechas de cereales sembradas en zonas periféricas.

Una economía agraria basada en el campo adehesado y el cereal de secano demandaba industrias maquileras mas tecnificadas que las tahonas familiares movidas a sangre.
De ahí la sorprendente cantidad de molinos hidráulicos que funcionaban en sus orillas. Este tramo del Odiel, de aguas muy rápidas, salva un considerable desnivel en la zona de estudio por lo que su corriente es aprovechable para el girar de rodeznos y así lo intuyeron los constructores de aquellas máquinas del pasado. Es evidente que los usos del agua se diversificaban mas abajo, a la altura de Gibraleón, donde, junto a otros molinos, existía pesca industrial, tráfico fluvial de escaso calado y extensos regadíos.
Aunque se citan arroyos agrios afluentes al Odiel desde el Siglo XVI, la alteración de sus aguas comenzó en la segunda mitad del pasado siglo, cuando se inició la explotación tecnificada y a gran escala de los complejos piríticos ubicados en su red de drenaje. Yacimientos que permanecían inactivos, muchos de ellos, desde los tiempos del Imperio Romano, menos entidad, comienzan a ser explotadas con la tecnología mas moderna de la época. Mas tarde, iniciado el siglo veinte, entran en actividad San Platón, El Tinto-Santa Rosa y La Esperanza.Todas estas minas vertían a la cuenca del Odiel su química de desecho sin correcciones.

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