22 mayo 2009

La digestión y las emociones

Las molestias crónicas o que surgen y remiten sin motivo aparente sugieren algún trastorno digestivo funcional. Estas afecciones permiten asomarse al entramado psicofísico del ser humano.

Tengo la digestión pesada», «me siento hinchado», son frases que estamos acostumbrados a oír. Dos de cada diez personas sufren algún trastorno digestivo funcional. Se llama así a las molestias que no pueden atribuirse a ninguna alteración orgánica. Los análisis, ecografías y endoscopias no descubren ninguna anomalía; sin embargo, los afectados sufren dolores, gases, náuseas, diarrea o estreñimiento. Son personas con un sistema digestivo básicamente sano, pero sensible, y necesitan un tratamiento que les ayude a modificar la percepción de sus propios órganos. Los hábitos dietéticos son importantes en este sentido.

Cuidar la dieta

La sensibilización intestinal puede ser producida por causas tanto físicas como mentales y no tiene marcha atrás, según los expertos. En cualquier caso, se pueden reducir los síntomas abordándolos desde todos los aspectos: la dieta, las emociones y los pensamientos, así como los hábitos cotidianos. El doctor Carlos Taxonera, médico adjunto del servicio de aparato digestivo del Hospital Clínico Universitario de Madrid, recomienda reducir la cantidad o excluir de la dieta los alimentos que no son bien tolerados. Por ejemplo, muchos afectados eructan con frecuencia o padecen gases. En consecuencia, deberían vigilar especialmente el consumo de alimentos que asocien con los síntomas mencionados. Otros enfermos encuentran alivio al reducir la ingesta de grasas animales, lo que además es bueno para la salud en general. También es muy útil comer despacio y evitar las bebidas y alimentos fríos.Es una buena idea llevar un diario donde se anoten los alimentos que se consumen junto con el momento en que aparecen los síntomas. Puede ayudar mucho a descubrir los alimentos que actúan como disparadores. Para establecer una relación es necesario que la situación se produzca varias veces y en ningún caso el diario debe ser causa de falta de variedad y calidad en la dieta.

También es importante no excederse en el volumen de las comidas. Conviene más tomar cinco comidas diarias bien repartidas que un desayuno parco y dos comidas abundantes. Los alimentos ricos en fibra y una ingesta suficiente de agua –de tres a seis vasos diarios– también ayudan a que la circulación intestinal sea fluida. Las frutas y hortalizas aportan la fibra y contienen enzimas que facilitan su digestión (sin embargo, conviene comprobar que la col, la naranja y la coliflor no causen molestias). Por lo demás, según Taxonera, no es necesario que se tomen otras medidas especiales. La dieta mediterránea, con toda su variedad, es adecuada.

El estómago y el intestino tienen un rendimiento diario sorprendente: a lo largo de una vida de 75 años, el tracto digestivo debe gestionar unas 30 toneladas de comida y 50 toneladas de líquidos. Para que todo este material sea transportado, degradado y absorbido, y sus desechos finalmente expulsados, el cuerpo genera cada día un litro de saliva, dos litros de ácidos, medio litro de bilis, dos litros de secreción pancreática y dos litros de secreción del intestino delgado.

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