12 julio 2009

La salud a flor de piel

La piel conecta nuestro interior con el mundo: nos abre a los demás y al entorno, y a la vez refleja nuestra salud física y emocional. Sus problemas ponen sobre la pista de desequilibrios que se pueden corregir.

La piel encarna nuestra identidad, nos hace únicos, nos separa del medio y, al mismo tiempo, a través de ella tomamos contacto con lo que nos rodea, formamos parte del mundo y del universo («cosmética» tiene mucho que ver con «cosmos»). La medicina moderna le dedica especialidades enteras, sin llegar nunca a abarcar lo que para nosotros representa.La piel puede ser un reflejo de lo que ocurre en el interior del cuerpo. En el embrión, la capa del ectodermo genera tanto la piel como el cerebro. Los problemas que presenta pueden estar alertando de algún desequilibrio interno, físico o anímico, que conviene abordar.


Reflejo del interior

La medicina tradicional china, desde hace miles de años, ha establecido sobre la piel el recorrido de meridianos a través de los cuales circula la energía. Desde ellos se puede, mediante estímulos basados en presión, calor o pinchazos, ayudar a regular esa energía y corregir desequilibrios internos. No hay que olvidar que cuando algo no marcha bien en el interior, a veces se refleja en la piel.

Los problemas hepáticos pueden darle un tono amarillento, mientras que manchas rojas que no desaparecen a la presión, con fiebre y dolor de cabeza, pueden indicar meningitis. Si la piel aparece seca y pálida puede tratarse de problemas renales. Si salen ampollas al tomar el sol, de una porfiria. Puntos rojos o moratones anuncian alteraciones de la coagulación, y los eritemas en la cara en forma de mariposa, un lupus eritematoso.

Pero en las agresiones a la piel la conexión no es solo física; también puede ser emocional. La psique es tan cerebral como táctil. La falta de contacto y cariño hace enfermar al sistema inmunitario.

El órgano depurador

La purificación del organismo es, en gran parte, función de la piel. Por eso, en la infancia y la juventud, las enfermedades de la piel -erupciones, escarlatina, varicela, costra láctea, sarpullido, urticaria, acné…- protegen la vida antes de que las costumbres antinaturales anulen o retrasen su capacidad para depurar.
Vitalizar la piel es, pues, un medio seguro de rejuvenecimiento y de hacer frente a padecimientos crónicos. Al favorecer la eliminación de desechos por la piel, se alivia el trabajo de intestinos (cuando hay estreñimiento), pulmones (en caso de afecciones respiratorias) y riñones (si es insuficiente el filtrado de la sangre).

Ante los problemas de piel, la medicina naturista propone una visión integradora de los cuidados. El paciente tiene que colaborar en su curación, en la autogestión de su salud.

Potenciar lo sano

La ley de curación del homeópata Constantine Hering dice: «El organismo se cura de dentro afuera y de arriba abajo». Un problema de piel muchas veces indica que el cuerpo elige la mejor opción para eliminar un tóxico o causar una reacción en un lugar en que cause el menor daño posible.

Es importante establecer un tratamiento general, sin descuidar las alteraciones psíquicas.En el tratamiento, además de revisar cómo pueden estar influyendo los factores ambientales, como el entorno de trabajo, la ropa o el contacto con el medio natural, pueden plantearse medidas como promover la sudoración a través del ejercicio, tender a una dieta vegetariana, controlar el estrés con relajación, procurarse sueño suficiente o suprimir hábitos como el alcohol y el tabaco.

Pablo Saz (médico naturista)

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