13 octubre 2009

La llamada del bosque

El bosque en otoño, con su fascinante gama de colores, se convierte en un espacio privilegiado para ir en busca de la serenidad y el equilibrio, en un ámbito ideal para pasear agradeciendo la belleza del entorno.


Los seres humanos tenemos en los árboles a nuestros compañeros vitales más longevos, que a lo largo de toda nuestra andadura sobre la Tierra nos han brindado refugio, sombra, calor y alimento.


6 experiencias para sentir el bosque

Saborear el silencio. Como dice un proverbio hindú, «cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio». Ya Shakespeare advertía que «ser rey de tu silencio es mejor que ser esclavo de tus palabras». Con todo ello se expresa el valor incontestable del silencio como marco para la reflexión y la creatividad. El bosque, tanto en otoño como en las otras estaciones, nos brinda una oportunidad segura de silencio. El requisito básico para disfrutarlo es una actitud receptiva, serena, de quietud y «escucha» literal.

Limpiar un paraje boscoso. El otoño es un buen momento para devolver al bosque lo que nos ha concedido durante todo el año. Y una manera muy efectiva de lograrlo es no solo no ensuciarlo, sino liberarlo de rastros indeseables. Será sin duda una experiencia pedagógica muy recomendable, que se puede hacer en grupo y también con niños.

Sumirse en la niebla. El bosque atesora mucha humedad, que en los días más calmos de viento en otoño se manifiesta con la presencia de una niebla más o menos espesa flotando en el paisaje. Decidir adentrarse en el bosque en una jornada de niebla densa, procurando, claro está, no extraviarse, es una experiencia que aporta serenidad y plenitud a quien lo prueba. El paisaje se transfigura, detalles cercanos cautivan la mirada, y hasta los sonidos parecen atenuarse en ese manto acolchado que late sobre la tierra.

Hacer una travesía. El bosque en otoño ofrece una ocasión inmejorable para caminatas de toda índole. Es factible marcarse una ruta de ida y vuelta, un trazado circular o incluso un deambular abierto a las posibles sorpresas. Solo se precisa un buen mapa, calzado adecuado, provisión de agua y comida, y prendas que protejan del viento y la lluvia.

Los sonidos del bosque. El bosque atesora sonidos y voces, fruto de la vida que late en él. Gracias a ello, quizá emergen de nuestro interior las palabras quedas que estábamos buscando, porque quien sabe escuchar puede esperar siempre respuestas.

Desarrollar la creatividad. El bosque en otoño brinda un marco incomparable para la inspiración y la creatividad. Con moderación, pueden recogerse las flores secas u otras plantas, hojas con un encanto especial o ramas caídas para componer adornos, cuadros o esculturas; también se puede moldear la madera para crear figuras, cucharas o marcos. Con un bloc de dibujo o un caballete se puede plasmar una escena singular tal como uno la siente. O bien recurrir a la fotografía para captar escenas de la naturaleza irrepetibles.
Jordi Cebrián

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