02 diciembre 2009

Educar con el deporte

El deporte es una gran fuente de aprendizaje para los niños, que gracias a él se ejercitan en una amplia serie de valores y actitudes, y se familiarizan con las situaciones vitales mas diversas.

A lo largo de la infancia no se trata tanto de educar a los niños para el deporte como de procurar que el mismo depor­te sirva como medio de educa­ción. El objetivo es alcanzar una buena salud física y también ex­perimentar y adquirir una serie de actitudes que se extienden más allá de la práctica deporti­va. Algunos de los valores más importantes que un niño pue­de adquirir con el deporte son:
Reglas. Han de seguir una serie de reglas de juego en las que queda claro lo que pue­den y lo que no pueden hacer. Esto resulta util para los niños a los que les cuesta seguir las normas y los limites en su casa o en la escuela, ya que se trata de un modo de ganar disciplina y de comprobar de forma práctica que sus actos tienen unas consecuencias.
Respeto. Aprenden a sentir y mostrar respeto por los otros;dado que no siempre les saldrá bien su propia intervención en el juego,comprenden que sus compañeros tambien pueden fallar, lo que mejora su capacidad de empatia, es decir de saber apreciar los sentimientos del otro.


Educación emocional. Atraves del deporte el niño experimenta una amplia gama de emociones: el sabor de la victoria, la amargura de la derrota, la dureza de la fustración, el valor del esfuerzo....
Hábitos. Aprenden hábitos saludables tanto alimentarios como higiénicos.

Autocontrol. Aprenden a con­trolarse, ya que se encontrarán ante muchas siluaciones adversas en las que será preciso mantener el control de si mis­mos. Eso pueden extrapolarlo fuera del deporte.
Trabajo en equipo. Apren­den a trabajar responsable­mente y en colaboración con sus compañeros de equipo da­do que los logros son siempre fruto de ese trabajo colectivo y no solo de acciones individua­les, lo cual ayuda a facilitar su integración social y las relacio­nes personales.

EL PAPEL DE LOS PADRES La actitud de los padres respecto a los deportes es muy impórtante y repercute notablemente en los hijos. Cuando los padres no practican ningún deporte y no conceden valor a esa actividad, si el niño no tiene una buena condición fisica, y habilidades psícomotrices dificilmente verá ese deporte como algo positivo. Un caso opuesto es el del padre apasionado por un deporte que quiere inculcárselo a su hijo a toda costa, aunque este no sea de su agrado. Será fácil entonces que el niño aborrezca esa actividad, la abandone o no llegue ni a iniciarla.
El papel de los padres debe ser pues fomentar en sus hijos una actitud favorable hacia la actividad fisica en general, ayudándoles a que encuentren el deporte que más les guste.
Por otro lado, los padres deben ser conscientes del compromíso que adquie­re toda la familia cuando un hijo decide realizar un deporte a nivel mas o menos competitivo. Se trata de un compromiso de tiempo importante -entrenamientos, competiciones, desplazamientos- y económico, ya que generalmente deben ha­cerse cargo de unas cuotas y de la compra del vestuario y material. Pero también deben hacer que sus hijos cumplan con esa responsabilidad haciendo que parti­cipen en todas las actividades del equipo y sin excusarlos por cualquier motivo.
Los padres deben entender que aunque sus hijos, participen en alguna competición, se trata de deporte infantil. Esa prueba por tanto no es homologable al depor­te adulto y menos al profesional. Su misión debe limitarse a que sigan motivados, responsables y seguros de sí mismos, sin desear su victoria a cualquier precio. Por ello,si sus hijos compiten es conveniente que:

* Se limiten a ser sus padres y no a hacer de segundos entrenadores.
*Muestren siempre una actitud positiva, escuchando lo que cuentan de su práctica, apoyándoles y motivándoles .
*Eviten hacer criticas o juicios descalificativos delante de los hijos por el tipo de preparación, las decisiones del entre­nador o los resultados, ya que, como en cualquier competición, hay tantos entrenadores como observadores.
*No convertirse en hinchas agresivos cuando presencien alguna competición de sus hijos; una cosa es animarles y otra llegar al insulto o a la falta de respeto a cualquier jugador, sea del equipo contrario o propio, o al arbitro,
* Comentar el comportamiento y la disci­plina de los niños desde el punto de vista humano y no desde un enfoque estricta­mente deportivo.
*Si se consideera que la actuación de los responsables del equipo no es la conveniente para la educación de los niños, debe hablarse con ellos y, si es preciso. buscar otra alternativa.

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