24 julio 2010

Recuperar la siesta

Respetar el instinto del sueño tras la comida del mediodía puede aumentar la calidad de vida porque permite reorganizar fuerzas antes de proseguir con la actividad. Bastan diez minutos.


El cuerpo funciona siguiendo el horario solar y los cambios estacionales. Lo demuestran los meridianos, de los que hay doce principales. Cada uno se asocia a un órgano vital, empezando por el pulmón. El horario de máxima potencia energética del pulmón es de 3 a 5 de la madrugada (hora solar). Al pulmón le siguen el intestino grueso, el estómago, el bazo, el corazón, el intestino delgado… y así hasta terminar el ciclo con el hígado.

A cada órgano le corresponden dos horas de máxima energía, es decir, dos horas en las que se manifiesta en su máxima capacidad funcional.


En Occidente, exceptuando algunos países entre los que se encuentra España, se suelen respetar bastante los horarios solares a la hora de programar las actividades. La hora de comer, por ejemplo, coincide bastante con las horas de bazo y corazón. El bazo es el motor principal del sistema digestivo. Y el corazón, que es la madre del bazo, corresponde al fuego según la teoría de los cinco elementos.

Si se tiene en cuenta que la energía estacional del corazón es el verano, no es de extrañar que en esta estación resulte más fácil caer en la tentación de descansar el corazón justo en su hora de máxima energía.

Dosificar la energía

La medicina tradicional china considera al corazón como el emperador, el órgano que gobierna los sentidos, el pensar, la dirección o los sentimientos, entre otros, en definitiva el órgano que marca el ritmo de la vida.

El cerebro es un órgano controlado y apoyado por todos los órganos vitales, especialmente el riñón y el corazón, y necesita una cantidad muy grande de chi puro (energía) para mantenerse lúcido y equilibrado. Este chi puro es ascendido por el bazo y el estómago para nutrir y alimentar al cerebro. Ahora bien, cuando el estómago está en pleno funcionamiento una parte muy importante del chi debe concentrarse en él y por eso después de comer suele aparecer el sopor: es el «plan de ahorro» del cuerpo. Para que el estómago pueda recibir toda la energía disponible que le permita hacer la digestión, el cuerpo –y con ello el cerebro– pasa a un estado de reposo y mínimo consumo de chi. Se trata de un fenómeno fisiológico.

Los beneficios de hacer una pausa

En algunos ambientes la siesta está mal vista o se considera propia de vagos. Sin embargo, se trata de una costumbre sana y natural. Una siesta que no supere los 20 minutos, en un lugar agradable y con ropa cómoda, puede beneficiar a todo el organismo. Estos son algunos de sus efectos saludables más destacados:
*Mayor vitalidad. Aumenta el rendimiento. Mejora la percepción sensorial, la memoria y la coordinación psicomotora.
*El tiempo se dilata. El tiempo invertido en una siesta nunca se pierde sino que más bien se gana.
*Más humor y creatividad. El descanso favorece la amabilidad, así como la sociabilidad.
*Balance positivo. Si está bien realizada, la persona se siente mejor que antes de hacerla.


Wen Hsiu Hu (Licenciada en Medicina Tradicional China)

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