27 mayo 2011

¿Libertad o seguridad?

La libertad y la seguridad son frágiles y parecen opciones opuestas: elegir una va en detrimento de la otra. Quizá no se pueda tener todo, pero al menos somos libres para establecer nuestras prioridades.

La inteligencia del inconsciente

Hemos sido educados en la creencia de que las cosas son blancas o negras, descartando terceras elecciones. Pero existen otras posibilidades. Así es en nuestra inteligencia inconsciente: podemos ser valientes y miedosos al mismo tiempo, o sentirnos felices de estar tristes. La lógica de la contradicción, a diferencia de la aristotélica, reconoce esa coexistencia en lo humano. Enfoques como la Psicología Positiva y la PNL (Programación Neurolingüística) enseñan que la mente responde a la negociación.
Por ejemplo, si alguien que está a dieta se permite una pequeña transgresión placentera al día, quizá pueda mantenerse más tiempo cuidándose que si se muestra demasiado exigente, exponiéndose a abandonar la dieta agotado por el esfuerzo.

Colaborando para avanzar

Ante una disyuntiva vital puede optarse por una tercera vía, no excluyente, que cambie la perspectiva de la situación.
¿Qué sería lo correcto: poder «crecer» o tener seguridad? Podemos hacer cosas creativas para darnos cuenta de que la solución pasa por la colaboración: «esto y lo otro», en lugar de por la exclusión: «o esto o lo otro». Este enfoque formaría parte de lo que se ha dado en llamar lógica «no aristotélica», es decir, los contrarios pueden sumarse para conseguir un resultado diferente, nuevo. La PNL propone un método interesante a fin de conciliar vías aparentemente opuestas. Para realizar esta propuesta necesitamos disponer de unos minutos en un lugar tranquilo.


*Identifica las partes que están en posiciones opuestas: Por ejemplo: «me gustaría ser más independiente pero tengo miedo de fracasar». Hay una parte «independiente» y otra, aparentemente contraria, que «me protege del fracaso».
*Busca el motivo. ¿Cuál es la intención de cada una de ellas? La parte independiente puede estar queriendo ser «yo mismo», mientras que la protectora puede estar pensando: «si fracaso, nadie me querrá», luego su intención es ser amada.


*Ofrece un reconocimiento por el servicio que cada una de las partes está haciendo. Incluso podemos solicitar a cada una que reconozca la intención de la otra.


*Acuerdo mutuo. Pidamos a las dos partes si pueden colaborar en encontrar nuevos comportamientos que nos permitan ser uno mismo y ser amados al mismo tiempo. Aunque no se nos ocurra nada de entrada, simplemente observemos qué ocurre con el problema a partir de ese momento. Si permitimos dejar la solución en manos de nuestro inconsciente, ¡es probable que los acontecimientos nos sorprendan!

Víctor Amat (psicólogo) y Bet Font (terapeuta familiar)

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