08 octubre 2011

Calabaza

La calabaza, con su agradable dulzor y su riqueza en vitamina A, bien merece un lugar privilegiado en la mesa de otoño. Es digestiva y refuerza las defensas.

La calabaza es uno de esos alimentos excepcionales a los que todavía no se ha hecho debida justicia. Es digestiva, deliciosa, de aspecto atractivo y está repleta de sustancias con efectos muy beneficiosos sobre la salud.

Amiga de la piel y de la vista
Las calabazas proporcionan vitaminas y minerales esenciales sin aportar apenas calorías.
# Pocas calorías. La calabaza es ligera, pues un 92% de su peso es agua: 100 g aportan solo 27 calorías. De hecho, como sacia gracias a la fibra y calma la apetencia por lo dulce, se incluye a menudo en las dietas de adelgazamiento.
# Provitamina A. El nutriente más destacado de la calabaza es la vitamina A en forma de betacaroteno. Basta una ración de 200 g para satisfacer casi el 80% de las necesidades diarias. La vitamina A no solo ayuda a mantener la salud de la vista, los dientes, las mucosas respiratorias y la piel, sino que como potente antioxidante que es protege al organismo frente a la acción de los radicales libres.
# Vitaminas B. La calabaza es una hortaliza rica en vitaminas del grupo B, que se hallan en proporciones equilibradas. En conjunto, entre otras cosas, son imprescindibles para transformar los alimentos en energía, construir tejidos y proteger el sistema nervioso. Con una ración de 200 g se cubre el 14% de las necesidades de vitamina B2, el 10% de las de B1 y B5, y el 16% de las de ácido fólico (B9).
# Vitamina E. Unos 200 g de calabaza proporcionan el 18% de las necesidades diarias de esta vitamina antioxidante.
# Potasio. Es el mineral más abundante en la calabaza, lo que la hace ideal para eliminar líquidos. Esta propiedad se indica en la prevención y tratamiento de la hipertensión, algunos trastornos renales y la insuficiencia cardiaca.
# Magnesio. 200 g aportan 24 mg, que equivale al 8% de las necesidades diarias. Este mineral es fundamental para el buen estado los huesos, los músculos y los nervios.
# Hierro. Su aporte resulta significativo: en 200 g se encuentran 1,6 g, que satisfacen el 11% de las necesidades diarias.

Regulación del azúcar
La propiedad más reconocida de la calabaza es su digestibilidad, debido a su riqueza en mucílagos que suavizan y protegen la mucosa gastrointestinal. Estos mucílagos son ricos en pectinas, un tipo de fibra formada por polisacáridos con efectos antioxidantes y antiinflamatorios, que también enlentecen la absorción de los azúcares.

Gran concentración de antioxidantes
Pocos alimentos ofrecen tanta concentración de carotenoides como la calabaza. El más conocido es el betacaroteno, que se transforma en vitamina A en el hígado y el intestino delgado en la medida de las necesidades corporales. Por tanto, la calabaza es interesante cuando puede faltar este nutriente, como cuando se siguen dietas bajas en grasa, se tienen necesidades nutritivas aumentadas (niños, mujeres embarazadas y lactantes) o se tiende a padecer piel seca o afecciones respiratorias (faringitis, laringitis, bronquitis). Tras un resfriado o una gripe, la vitamina A y los agentes emolientes de la calabaza ayudan a regenerar y suavizar las mucosas de boca, garganta y esófago, lo que acelera la recuperación.
Además, el betacaroteno funciona como un antioxidante que controla la acción de los radicales libres.

Sabrosa y muy versátil
Se emplea en numerosas preparaciones culinarias, desde sopas a rellenos, ensaladas… A la hora de comprarla, conviene decantarse por las calabazas ecológicas. La piel ha de estar intacta y firme, y es preferible que conserven el pedúnculo, porque ayuda a preservar su humedad.

M. Núñez , C. Navarro y Montse Tàpia

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