17 febrero 2013

Equilibrar el metabolismo

Podemos influir en nuestro metabolismo. A pesar de la predisposición genética, si se sigue una dieta y un estilo de vida adecuados es posible flexibilizarlo de acuerdo con la constitución de cada uno.


¿Cómo se puede influir sobre el metabolismo?

Dado que el metabolismo está regulado por los sistemas nervioso y hormonal, son muchos los factores sobre los que se puede influir: el tipo de comida, cómo y cuándo se come, el estrés, el descanso, factores emocionales y nerviosos, la medicación (anticonceptivos, antidepresivos, antibióticos…), las sustancias tóxicas, el ejercicio físico…

1. El ejercicio físico es uno de los factores que más influye. No solo permite quemar más grasa corporal, sino que a largo plazo es capaz de modificar el metabolismo celular, así como de mejorar la resistencia a la insulina. Además, recientemente se ha encontrado que el músculo, cuando se ejercita, libera una hormona, la irisina, que estimula la conversión de tejido adiposo blanco en marrón, lo que aumenta el metabolismo basal.

2. Control del estrés. Desde un punto de vista evolutivo, el estrés es la re

spuesta natural de cualquier organismo frente a una amenaza. Se liberan una serie de hormonas, se movilizan grasa y glucosa, se aceleran la respiración y el ritmo cardiaco, todo ello para poder realizar una contracción muscular y luchar o huir de la amenaza. Pero hoy sufrimos estrés crónico y ni luchamos ni huimos. La cascada de sustancias liberadas que permanecen en la circulación daña las células y tiene relación con muchas alteraciones metabólicas. La respiración consciente, la meditación y el ejercicio pueden ayudar.


3. Evitar algunos medicamentos (si es posible) que pueden producir cambios en el metabolismo. Por ejemplo, tratamientos prolongados con antidepresivos (lo ralentizan) y anticonceptivos (favorecen la acumulación de grasa, sobre todo en la zona de las caderas).

4. Los ciclos circadianos. Estos ciclos, es decir, la estimulación del sistema nervioso simpático y la secreción de cortisol e insulina de día y la de melatonina y hormona de crecimiento durante la noche, se pueden alterar si se duerme cuando no toca (trabajos de turnos, viajes, etc.), pero también si se come con horarios irregulares. Este desequilibrio se ha relacionado con un aumento del apetito, obesidad y otras alteraciones metabólicas.

5. Ayudas dietéticas. Se detallan en el recuadro de la página izquierda. Aunque algunas personas tengan una predisposición genética a sufrir alteraciones metabólicas, si se alimentan y mueven de forma correcta es poco probable que las desarrollen. Una dieta y un estilo de vida adecuados conducen a una mayor flexibilidad metabólica de acuerdo con la constitución de cada uno.

Olga Cuevas y Lucía Redondo

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