03 mayo 2013

Fresa

La naturaleza parece tentarnos con las fresas, de un aroma, un color y un sabor irresistibles. Es por nuestro bien: esta fruta, muy ligera, aporta valiosos nutrientes y ayuda a depurar y a tonificar el organismo.

La fresa fresca aporta 32 calorías por 100 gramos y es muy rica en agua (un 90%). Su nutriente más

abundante son los hidratos de carbono (7%) y apenas aporta grasas ni proteínas.
En cuanto a sus vitaminas, sobresale la C (60-80 mg por 100 g), aunque también contiene varias del grupo B, la K y la A. Entre los minerales y oligoelementos contiene calcio, hierro, silicio, azufre, cobre, fósforo, magnesio y potasio. Curiosamente, la relación entre calcio y fósforo (muy similar) se aproxima a la fisiológica del organismo.
Otras sustancias destacables son los ácidos málico, cítrico y láctico, y el éter metil-salicílico, que se transforma en ácido salicílico (0,001 g/kg), el famoso componente de la aspirina. Además contiene fitonutrientes, que cumplen funciones importantes de cara a la salud del organismo.

Una fruta depurativa
La fresa se considera alcalinizante y remineralizante. Por sus vitaminas y minerales aumenta las defensas; también posee propiedades bactericidas.
Tiene virtudes aperitivas, ya que su aroma ayuda a abrir el apetito y resulta ligeramente laxante gracias a su fibra.
Por su contenido en potasio, aumenta la diuresis o formación de orina, lo que contribuye a reducir la tensión arterial y eliminar el ácido úrico. Ayuda, pues, a depurar el organismo (en la revista de este mes encontrarás las pautas para realizar una cura depurativa con fresas) y regula las funciones hepáticas, endocrinas y del sistema nervioso.
Por otra parte, su azúcar es levulosa (fructosa), por lo que se considera una fruta apta para diabéticos.



Poder reconstituyente

La fresa está indicada en la astenia o estados de fatiga de origen diverso. Por su riqueza en hierro y cobre se aconseja en la anemia. La presencia de silicio y antioxidantes contribuye a prevenir el cáncer. Previene igualmente la hipertensión y la arteriosclerosis, lo que beneficia a la salud cardiovascular y fomenta la longevidad. También está indicada en las alteraciones hepáticas, sobre todo la litiasis biliar (piedras en la vesícula), y frente al estreñimiento.
Respecto al aparato urinario, se recomienda su consumo cuando convenga aumentar la diuresis y prevenir la formación de litiasis urinarias o piedras en el riñón, salvo si se deben a oxalatos.
Gracias a sus propiedades alcalinizantes, a su riqueza en calcio y potasio (que facilitan la excreción renal de ácido úrico) y a la presencia de ácido salicílico (de acción antiinflamatoria), la fresa va bien para estados artríticos, reumáticos y gotosos.

Provoca reacción
En determinados casos puede estar contraindicada. Hay personas con digestiones difíciles (dispépticos) que no las toleran bien y otras a las que produce urticaria. También deben ser precavidas con la fresa las personas con alergia a la aspirina por su contenido en trazas de ácido acetilsalicílico natural y quienes tengan tendencia a la litiasis renal por oxalatos, pues los contiene en pequeña cantidad.

Compra y conservación
Las fresas no maduran una vez recogidas, así que hay que adquirirlas en su punto óptimo de dulzor y sabor. Es preferible comprarlas ecológicas y consumirlas en menos de dos días. Deben lavarse justo antes de servirlas, sin quitar el pedúnculo, sumergiéndolas en agua fría un par de veces de manera rápida o pasándolas bajo el grifo.
Si se van a guardar la mejor opción es la zona alta de la nevera, en un recipiente, sin amontonar, y tapadas con papel film agujereado.


Dr. Daniel Bonet  y Montse Tàpia 

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