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16 enero 2011

RECUERDOS DE NIÑEZ EN LA PEÑA V

RECUERDOS PERSONALES

.............El punto de destino de la procesión era la Escuela, que previamente había sido engalanada con grandes macetas que la vecindad traía de sus casas. El suelo rociado de romero le daba al local un aroma especial. Un improvisado altar, adornado con flores en jarrones sobre pedestales de madera que entonces se tení­an en las casas como muebles decorativos, esperaba la llegada de la Virgen. Tras el culto, el retorno a Nerva se hacía por la carretera de La Estación del ferrocarril que iba al Castillo de las Guardas, haciendo su entrada en la localidad por la calle Castelar.

.............Pasado el breve tiempo de un mes y coincidiendo con el día de San Juan, el 24 de Junio, se celebraba El Pirulito. Esta fiesta, que se celebraba en La Peña a pequeña escala, fue traída por los portugueses que en buen número y pro­cedentes en su mayoría del Algarve, llegaban a la cuenca minera buscando traba­jo. Ese día la farola del Paseo se revestía con ramas de adelfas, que en el mes de junio estaban en su apogeo desbordantes de flores rosáceas y rojas.


.............Después del verano y a punto de finalizar el otoño, el 4 de Diciembre se celebraba la festividad de Santa Bárbara, patraña de los mineros. Tras el culto reli­gioso de la Santa Misa comenzaban distintos actos lúdicos. Durante la mañana, en las inmediaciones del Casino, tenían lugar distintas competiciones: carreras de sacos, juegos de cucaña, carreras de cintas en bicicleta, piñatas y en el campo de fútbol el típico e interesante encuentro entre el equipo local y otro de la comarca. Todo ello se completaba con un almuerzo en el Club de Empleados, en el que se reunían los directivos, empleados y autoridades de Nerva.


.............Con el paso del tiempo y tras la construcción de la Parroquia (1961), la imagen salía en procesión hasta la explanada, junto al Pozo Maestro, donde se celebraba la Misa, para luego regresar a la Parroquia y comenzar los distintos actos festivos. El broche de oro era un gran baile en el salón del Casino, amenizado por una buena orquesta, que solía venir de Nerva o de Riotinto. La participación era multitudinaria y se veía completada con numerosos visitantes de lugares cercanos como La Dehesa, Nerva o Riotinto.


.............Así eran las fiestas en la Peña, aunque para otro tipo de espectáculos jóvenes y mayores nos desplazábamos, andando, a Nerva, donde las fiestas de San Bartolomé, el 24 de Agosto, y la noche de Fin de Año, eran las más importantes para nosotros, además de tener reconocida fama en toda la comarca.
.............Pero, como estos recuerdos, llegó el fin. A partir del año 1966, tras el expediente de crisis presentado por la Compañía Nacional de Piritas S.A. dio comienzo la emigración. Familias enteras marcharon a Barcelona, Madrid, Huelva y gran parte a la cercana Riotinto, donde encontraron nuevos empleos. Los siguientes años fueron un goteo constante de pérdida de población y en 1977 se empezaron a demoler las casas, poniéndose punto final al éxodo en 1984 cuando el último vecino que quedaba, Pedrete, abandonó la mina.
.............Valga este improvisado y humilde escrito para que a quien interese se haga una idea de lo que allí había. Hoy no es posible reconocer lo que fue..., mi pequeño paraíso.

Miguel Vázquez Vázquez
Huelva, octubre de 2005

05 enero 2011

RECUERDOS DE NIÑEZ EN LA PEÑA IV

RECUERDOS PERSONALES
Días antes comenzaban los preparativos de esta fiesta encargando la rosca de pan a la panadería, a la que se llevaba un huevo para que Isidoro el pana­dero, hombre simpático y bellísima persona, lo incluyera en la rosca y los cociera simultáneamente. Al mismo tiempo, se hacía el acopio del vino en las famosas damajuanas y se reunía todo tipo de chacinas, queso, las típicas tortillas de patatas y un sin fin de alimentos.
.............Familias completas, cada una en su encina, y los adolescentes con sus pandillas. Pronto se entonaban canciones y acompañados por alguna guitarra o la música de un acordeón, se bailaba como se podía. Era, en definitiva, una fiesta entrañable a la que se unían vecinos de La Dehesa, de Campofrío y hasta de Nerva, en la que los jóvenes que no tenían pareja aprovechaban para buscar suerte.

Y tras el Día del Bollo a esperar las Cruces de Mayo, fiesta que cada año, en los primeros días de este mes de las flores, se celebran en honor de la Santa Cruz en toda Andalucía. En la Peña no podía faltar esta conmemoración. Modesta, sin el formulismo y abolengo de otros pueblos mayores; sin mayordoma ni mayor­domo previamente elegidos y no por falta de mujeres guapas o apuestos mucha­chos. Realmente, lo hacíamos a nuestra forma y la imaginación ponía todo lo demás. Las ganas de vivir y disfrutar, avivadas en esta época de primavera por el despertar de los instintos naturales, que durante el invierno habían estado apaga­dos, contribuían a que los jóvenes rompiéramos la monotonía y la timidez para dar un paso más al encuentro de nuestra pareja y siempre había, entre las muchachas de mayor edad, la que se encargaba de encontrar afinidad entre unos y otras para emparejarlos, al menos en esos días. Porque luego las cosas eran lo que eran.

Un pequeño recinto del casino, que daba a la carretera, era uno de los lugares en el que solíamos asentar el escenario. Engalanado con cadenetas, flores y, cómo no, con el romero que en cantidad se encontraba en los barrancos cerca­nos, se preparaba la estancia para albergar a la Santa Cruz. Ésta, hecha de madera por algún habilidoso, se colocaba en lugar preferente y se ornaba con las mejores galas: mantones bordados, macetas, preciosos ramos de flores frescas y todo aque­llo que ayudara a realzarla. El local, de pequeñas dimensiones y rodeado de ban­cos de madera, era ideal para la convivencia, en la que los pestiños, las rosas enme­ladas o el piñonate, todo casero, con algunas botellas de anís y coñac servían para cumplir con las visitas de los mayores, mientras se entonaban los cantos típicos a la Cruz, para pasar a los bailes por sevillanas y a los fandangos de algún valiente.

Pocos días después de las Cruces tenía lugar la procesión de la Virgen de Fátima. El culto a esta imagen de la Virgen no está asociado a romerías, aun­que así se le llamara, pero quiero recordar que todo comenzó con la donación a la Parroquia de Nerva por la Empresa de la Peña de una imagen. Como agradeci­miento, en algunas ocasiones, durante un fin de semana al año, por el 13 de Mayo, se traía desde Nerva la imagen de la Virgen de Fátima sobre un pequeño paso ador­nado con hermosos ramos de flores y portado a hombros por la carretera del Huerto del Loco hasta la Peña. En estos días acudían a la zona algunos puestos ambulantes que con toda clase de golosinas, helados y dulces, hacían el deleite de los niños.

La mayoría de los habitantes del lugar, acompañados por devotos de Nerva, formaban el cortejo que con cánticos a la Virgen y el rezo del santo rosario hacía el camino lleno de emoción y de anécdotas; como la de aquel año en que a mitad del trayecto alguien miró al cielo y creyó ver que dos estratos nubosos for­maban una cruz y surgió el grito de ¡milagro!. La algarabía que se formó fue de una magnitud inexplicable. La gente lloraba emocionada y alguien llegó a desma­yarse, mientras otros corrían de un lado para otro. Inmediatamente, la intervención del Párroco calmó los ánimos y en poco tiempo el viento rompió el encanto.

Miguel Vázquez Vázquez

23 diciembre 2010

RECUERDOS DE NIÑEZ EN LA PEÑA III

RECUERDOS PERSONALES

Aquellos niños fuimos creciendo con la paulatina incorporación a todas las casas de los primeros aparatos de radio. El primer receptor que llegó a la mina era propiedad de la empresa y parecido a las emisoras que se ven en las películas de la primera Guerra Mundial. Este aparato se compartía semanalmente por algu­nos de los empleados, aunque los más ingeniosos se construían su radio de galena, curioso invento en el que con unas pocas piezas y unos auriculares se podían sin­tonizar algunas emisoras.

.............Ya con la radio en casa, al salir de la escuela por la tarde todos los niños corríamos a escuchar los programas de aventuras que a esa hora emitían, mientras ordenábamos la colección de cromos que venían en los envoltorios del chocolate "La Colonial". Era tal el afán por completar el álbum que para hacer el intercambio de cromos íbamos andando hasta Nerva para encontrar a los coleccionistas que compartían nuestras mismas inquietudes.

.............Las mismas que nos llevaban a pescar en el Dique de Abajo, afición ésta que ocupaba gran parte de nuestro tiempo a la hora de hacer los aparejos y al que había que sumar el de la búsqueda de la caña en algún huerto o barranco donde las hubiera, mientras que para el corcho valía el del tapón de una botella. Los anzuelos y la tanza teníamos que ir a comprarlos a la tienda de Quintana en Nerva.Una gran novedad fue la construcción de una piscina junto a la Casa de Huéspedes, lo que se hizo en la época en que D. Federico Wilke dirigía la explo­tación. Su uso era privado y restringido a la Dirección, estando rodeada por una valla de tela metálica y con una puerta cerrada por un candado que impedia el acce­so al interior. Pero pronto los niños encontramos la forma de introducirnos por debajo de la alambrada y darnos extraordinarios baños, procurando no ser vistos.
.............Como alternativa a la piscina y de la misma forma clandestina, solíamos utilizar la alberca del huerto de la Casa Dirección. Allí había un hortelano al que teníamos que controlar para que no nos viera. En esta alberca, además de los baños, solíamos hacer competiciones de barcos que nosotros mismos construía­mos. Trozos de cortezas de corcho, de colmenas viejas o de desechos de cualquier otro uso nos servían de materia prima para nuestros proyectos. Le dábamos la forma utilizando como herramienta alguna chaveta vieja de zapatero, que ayudaba a resolver la dificultad que presenta el corcho virgen para su corte. Para la cons­trucción del puente del barco o las chimeneas, usábamos trozos de madera, latas de conserva y los recortes del corcho sobrante que acoplados adecuadamente le daban la forma definitiva y la decoración al gusto de cada uno. Como barandilla usábamos alfileres, que hacían de postes, unidos por hilo de coser a modo de cadena de protección, mientras que un trozo de vela de cera, colocada estratégicamen­te, servia para la iluminación nocturna del barco, que a veces era de guerra y otras de pasajeros, según el gusto del "constructor".

Así pasaba el tiempo, mientras esperábamos la llegada de las fiestas, siempre momentos de encuentro y convivencia de todos los vecinos, que se cele­braban a lo largo del año.
.............Pasado el invierno y el rigor con que en aquella época se vivían la Cuaresma y la Semana Santa, el Domingo de Resurrección lo era también para los que allí vivíamos. La fiesta de este día, popularmente llamado Día del Bollo o Día del Campo, era muy esperado por todos. Transcurría en la finca "Cerca de la Andrea", que se encuentra en las inmediaciones del dique de Campofrío, junto a la carretera y a unos 4 km de la mina por el camino que cruza Portalegre. Un paraje muy apropiado para pasar un día de campo, poblado de grandes encinas que pro­porcionaban buenas sombras para poder cobijarse durante todo el día, protegidos de los rayos del sol. La ladera de un monte, algo empinada y orientada al Sur, colo­reada por multitud de arbustos y flores silvestres de la primavera, invitaba a los excursionistas a pasarlo en grande.


Miguel Vázquez Vázquez

16 diciembre 2010

RECUERDOS DE NIÑEZ EN LA PEÑA II

RECUERDOS PERSONALES

Detrás de las vivencias de un niño para el que todo era maravilloso, se esconden las de los mayores, que no precisamente estarían plagadas de juegos y diabluras. Momentos duros se tuvieron que vivir en la zona durante la guerra y la postguerra. La escasez de alimentos, la precaria asistencia sanitaria sin antibióticos y apenas medicinas causó irreparables pérdidas en casi todas las familias.
............. Para los niños y jóvenes que entonces vivíamos en La Peña, como familiarmente la denominábamos y seguimos haciéndolo de adultos, era un rincón perdido, aislado de la civilización, que disfrutábamos como si fuera el único mundo. Pequeño paraíso en el que no había casi nada y nada echábamos de menos, para nosotros era como si estuviésemos viviendo en un Parque Temático que resultaba ser real. Las viviendas estaban tan cerca de las operaciones mineras que no podíamos evitar la tentación de introducirnos por todas partes, ignorantes de los riesgos que corríamos. Entrar en el túnel que llegaba a la corta y bajar hasta el fondo era una de las aventuras que solíamos correr. Acceder a las locomotoras que estaban aparcadas y fuera de servicio era otra de las diabluras más divertidas. Jugábamos a ser el maquinista moviendo las palancas e imitando el sonido de las máquinas. Unos hacían de fogonero, otros de guarda frenos. A los vagones que estaban estacionados en alguna pendiente les soltábamos los frenos y una vez que comenzaban a rodar nos dábamos un paseo hasta que se paraban. En las ocasiones en que éramos descubiertos por los guardas nos tocaba correr. Este tipo de travesuras eran los juegos de los domingos.
Imitar los trabajos que hacían los mayores era otra diversión. Con un enorme derroche de imaginación tratábamos de reproducir todo tipo de máquina o de proceso. Construíamos carrillos de mano con alguna rueda vieja y las maderas de los cajones que recogíamos en las inmediaciones del polvorín. Con latas de conservas vacías reproducíamos los trenes y los camiones. Patines con los que nos deslizábamos por las cuestas y que construíamos con tablas de madera sobre un chasis de ramas de pino al que poníamos las ruedas de "bolillos", rodamientos, desechadas en los talleres.
.............En una ocasión tratamos de reproducir un horno de testación de pirita para obtener azufre, imitando una planta piloto que estaba funcionando. Un bidón viejo era el horno, al que le abrimos las compuertas para la entrada de aire. La tolva de carga era un cubo de los que se usaban en las casas para limpiar, al que le quitamos el fondo y acoplamos en la parte superior. Con la cepa de brezo lo calentábamos y echábamos las piedras de pirita por la tolva. Azufre no salió, pero olor daba.
Y caminábamos continuamente, unas veces para ir al barranco de la estación a buscar adelfas para construir los trabucos y hacer flautas, que lográbamos hacer funcionar, y otras corriendo tras el aro hecho de un alambrón viejo que algún mecánico nos soldaba en el taller y que dirigíamos con el gancho que hacíamos de otro alambre.
Todos los juegos eran pura competición para poner a prueba la habilidad de cada uno y ver quién hacía las cosas mejor y más espectaculares.
.............En invierno hacíamos de una lata, a la que se le practicaban varios taladros en el fondo y se le colocaba un colgante de alambre, lo que denominábamos una "caldera ". El juego, que solíamos hacer de noche, consistía en poner carbón en la lata y prenderle friego, para de inmediato y con rápidos movimientos circulares con el brazo extendido, conseguir que el fuego se avivara extraordinariamente. Tras varias paradas para calentarnos y comparar cuál era la mejor "caldera ", se lanzaban por el aire y podíamos contemplar el efecto que se producía, simulando un cometa.

También jugábamos con el trompo o peonza, haciéndolo girar, "repiar" decíamos, dentro de un círculo marcado en el suelo, para recogerlo con la mano y que continuara girando sobre la palma. Si el trompo caía con la punta hacia arriba la regla era: "púa arriba, lancho encima ". Alguno de los jugadores, con un lancho de piedra en las manos, lo dejaba caer sobre el trompo como penalización a la mala jugada. La mayoría de las veces se partía en dos, pero si resistía, se le indultaba y seguía jugando. Para los trompos que no giraban con fuerza y se paraban antes de recogerlos, el castigo era permanecer en el suelo para que el resto de los jugadores lanzaran los suyos con toda fuerza para pincharlo o romperlo.
A veces viajábamos en las zorrillas, pequeñas vagonetas en forma de plataforma que los operarios del ferrocarril usaban para los trabajos de mantenimiento. Solíamos ir desde la estación a la Tejonera, zona ésta que se encontraba junto a la mina Pepito, donde había una fuente que en épocas de sequía se utilizaba para llevar agua a la panadería, usando la misma zorrilla. El agua se cargaba en las garrafas de cristal, de una arroba, que se usaban para suministrar el vino a ía cooperativa. El problema era el regreso, cuesta arriba y empujando.
.............Y, cómo no, el fútbol, al que jugábamos con pelotas de trapo que servían para jugar en cualquier momento y lugar, aunque también había algunas pelotas de goma que se pinchaban a las primeras de cambio y que reparábamos con un parche de bicicleta, para luego volver a inflarlas con una aguja de inyección del botiquín acoplada a la bomba de una bici. En la Peña de Abajo se solía jugar en el campo de tenis, porque el campo de fútbol nos parecía entonces que estaba demasiado lejos, mientras que en la Peña de Arriba el Paseo era el sitio favorito para los partidos.

Miguel Vázquez Vázquez

06 diciembre 2010

RECUERDOS DE NIÑEZ EN LA PEÑA I

RECUERDOS PERSONALES

De aquellos tiempos de la década de los 50 que viví en La Peña, los recuerdos de la niñez me vienen a la memoria asociados a los ruidos de la actividad minera, pues a través de ellos me situaba mentalmente en cada lugar.
............Durante la noche, desde la cama, podía oír la campana del Pozo Maestro, que con sus toques en clave anunciaba al maquinista la maniobra que tenía que realizar. Era el único sistema de comunicación que tenía el interior de la mina con el exterior. Por esos toques el maquinista sabía entre qué niveles tenía que desplazar la jaula y si traía personal o vagonetas, "continos", con el mineral.

El tremendo ruido de la trituración primaria de la machacadora situada junto a la bocamina, se producía al romper el mineral que procedía de las voladuras del interior de las galerías a tamaño "puño ", unos 120 mm. Este producto quedaba recogido en unos depósitos, que por su parte inferior, a través de tolvas, se cargaba en trenes de vagones para ser transportados mediante el ferrocarril interior, con máquinas de vapor a la trituradora secundaria, "cernidora ", que estaba situada junto a la antigua estación de ferrocarril, a mitad del trayecto entre la Peña de Abajo y la Peña de Arriba. En esta planta el mineral quedaba fraccionado a menos de 6 mm, para su venta como mineral crudo.
............Posteriormente el mineral que procedía de la machacadora primaria pasaba a molienda y flotación en una planta, "concentrador ", que en época de los españoles se construyó detrás de la calle San Carlos, transportándose por carretera el producto, pirita "flotada ", al puerto de Huelva.
............Otro de los sonidos que de alguna manera marcaban las pautas de conducta de los habitantes de La Peña, era la campana del taller. Precisa como el reloj de las torres en los pueblos, sus toques indicaban a los obreros el inicio y fin de la jornada o la hora de la comida. Por eso, si nos remontamos a la época en que el reloj de pulsera no era habitual, nos podremos imaginar lo que significaba el toque de esta campana para toda la población. Con el tiempo, la campana tue sustituida por una potente sirena que se instaló en la central eléctrica. "La vaca " se oía desde todas partes y la pregunta de "¿Ha sonado la vaca?", era muy frecuente e indispensable para situarnos en el tiempo.

No menos habitual era el sonido de la fragua, situada junto a la casa de máquinas del Pozo Maestro. Había un martillo pilón que, previo calentamiento, afilaba las puntas de las barrenas que los mineros utilizaban para abrir el hueco para los barrenos.
Y del nuevo compresor colocado al principio de la galería que daba paso a la corta, al final de la calle del Taller, ¡qué voy a contar! ¡horroroso!
............Ruidos todos ellos a los que sumar el característico sonido de las locomotoras de vapor con su típico silbido; o el de la máquina de sierra en la carpintería, situada en la parte alta del Taller, lindando con el Botiquín, que al fabricar las traviesas de las vías del tren y la madera para la entibación de las galerías, nos deleitaba con su típico eco de sirena. Sonidos lodos ellos que servían de acompañamiento del día a día en el paso del tiempo.
............Los domingos y festivos nos reencontrábamos con la naturaleza. El silencio absoluto sólo se rompía con el trinar de los miles de gorriones que se posaban en los eucaliptos alrededor de las viviendas. Las golondrinas, que tenían su cuartel general en las cornisas de las Oficinas Generales también contribuían al espectáculo. El ladrido de los perros que los aficionados a la caza cuidaban con esmero, daba fe de su presencia.

Y recuerdo a los mineros, esa gran mayoría de los trabajadores que se afincaban en el poblado minero, aunque otro número importante de ellos se trasladaba diariamente a la mina desde las localidades cercanas: Nerva, Campofrío, La Granada de Río Tinto, La Dehesa, y lo hacían andando o en bicicleta, pues nunca existió el transporte público y en aquella época los vehículos a motor no estaban a su alcance.
............De qué estarían hechos estos hombres, que después de cubrir estas distancias por caminos empinados y pedregosos, luchando con las inclemencias del tiempo, tenían que realizar sus tareas en el interior de la mina, arrancando el mineral y cargándolo en las vagonetas, valiéndose exclusivamente de su esfuerzo físi­co, en un ambiente casi irrespirable y con un calor sofocante. Y después del traba­jo, a muchos de ellos se les podía ver, azada en mano, cavando la tierra en sus pequeños huertos o encaminándose con su burro al monte para buscar leña con la que hacer cisco o carbón para sus casas.

Miguel Vázquez Vázquez

17 enero 2010

VIVENCIAS EN PEÑA DEL HIERRO VIII

La iglesia
............El culto religioso se celebraba en una improvisada capilla, que fue reubicándose hasta la construcción de la definitiva Parroquia a comienzos de la déca­da de los 60. La capilla estuvo inicialmente en Los Cuarteles, para después ser tras­ladada a una vivienda de las Casas de Empleados, junto al campo de tenis, y pos­teriormente a la escuela, al ser cedida la casa a un nuevo Facultativo de Minas, D. Antonio Moreno Expósito.
............En la casa junto al campo de tenis asignada al Cura, que era el párroco de Nerva y se desplazaba en taxi los domingos para celebrar la Misa, tenían lugar los distintos cultos religiosos en una habitación habilitada como capilla que daba a la marquesina, desde la que los hombres participaban en el culto, normalmente de pie, mientras en el interior las mujeres disponían de asientos.

............La casa era utilizada por el Cura como residencia veraniega, quien la denominó Castelgandolfo, como la residencia de verano del Papa. En los periodos estivales disfrutaba del jardín que él mismo cultivaba con gran variedad de flores, logrando un entorno fresco y agradable. Solía descansar bajo la sombra de una pér­gola cubierta de enredaderas y llena de flores que tenía a la entrada del jardín. Lo recuerdo sentado en un gran sillón de mimbre, leyendo el periódico El Correo de Andalucía, con una copa de aguardiente puesta en un regatón, en el agua que salía fresquita de la manguera. Así permanecía hasta el mediodía, momento en que iba a bañarse en la alberca del huerto de la Casa Dirección, situada en las inmediacio­nes. Por las noches compartía la compañía de los empleados en el club, jugando al tute subastado y al billar.

El Club de Empleados
............Situado en la planta baja de las Oficinas Generales, contaba con un amplio salón, que inicialmente era de uso exclusivo para empleados. Disponía de biblioteca, mesa de billar y juegos de mesa, además de una bodega ubicada en las proximidades, con una galería de unos 10-15 m de profundidad, hecha en la roca para este fin, en la que se mantenían frescas las bebidas. En su salón se celebraban bailes durante la Navidad, organizados por los jóvenes y amenizados con la músi­ca de los antiguos tocadiscos, y en invierno se proyectaban películas de cine. También en esta dependencia y durante algún tiempo, se colocaba el cajero los sábados para dar el anticipo a los obreros como adelanto del salario.

El Casino
............Mis primeros recuerdos son de abandono y deterioro, quizá resultado de la guerra civil, tras la que se usó como escuela. Amplio local dividido en dos par­tes por una mampara desmontable de madera; por un lado se encontraba el salón-bar de usos varios, mientras por el otro estaba el ambigú y el escenario para el teatro y otros espectáculos, como los que esporadicámenle llegaban a la mina en los años 50, de artistas ambulantes, algunos de origen húngaro, portando sus bártulos en carrozas tiradas por bestias, que actuaban en el Casino y ofrecían variados números circenses de contorsionista y juegos malabares, amenizados por música de acordeón, trompeta, tambor y otros instrumentos. Había actuaciones con ani­males: perros bailarines, la cabra en la escalera..., y en el intermedio del espectá­culo se rifaba una botella de anís, o algo parecido, ofreciendo al público la compra de las tiras de números, lo que algunas veces hacía eterno el tiempo de espera hasta completar la venta.

............Este local era el lugar de encuentro diario de los hombres que, después de terminar la jornada de trabajo, acudían para echar sus partidas de cartas, domi­nó y billar, siempre acompañados por copas de aguardiente, cervezas y vinos con tapas. Los que no participaban de estos juegos alternaban en la barra del bar, con­sumiendo copas, café y tiempo, o se sentaban en la marquesina para charlar y observar el paso de la gente por la carretera.
............A raíz de la construcción de la parroquia en los años 60-61, el primer Párroco, D. Benjamín Pérez de León, se preocupó de la restauración del Casino. Allí se colocó el primer televisor en blanco y negro, participando en su instalación el director de la mina D. Teodoro Barabásh. Con la reforma, además del ABC de Sevilla, llegaban otros periódicos, como el deportivo Marca y el taurino El Ruedo.

El cine
............Con la compra de la mina por los españoles la Compañía adquirió una máquina portátil para películas de 16 mm. Las proyecciones tenían lugar los fines de semana, siendo la primera en la Casa Dirección, exclusivamente para el direc­tor y su familia. La siguiente, para los vecinos de La Peña Abajo: en invierno en el club de empleados y en verano en la plaza del Centro, junto a la fuente decorativa situada frente a las Casas de Empleados. La última proyección era en Los Cuarteles, unas veces en la Escuela y otras en el Casino. En verano, en el Paseo, y las sillas las teníamos que llevar de casa. La censura entonces vigente también se hacía cumplir aquí. Recuerdo la interrupción de una proyección, seguida de la pre­sencia del cura muy enojado y diciendo que abandonaran la sala los niños porque la película era para mayores, al tiempo que se le escuchaban comentarios del tipo: "Luego, se quejarán las madres de que las hijas les salgan bailarinas ".


El fútbol
............A unos 300 metros de la población por la carretera del Huerto del Loco, estaba el campo de fútbol, en parte excavado en el suelo de pizarra y parte relleno de estéril del vacie que había en las inmediaciones, ofreciendo un aspecto multi­color que hizo llamarle Campo del Arco Iris. Por sus condiciones, es fácil com­prender que las caídas eran temibles y siempre había quien acababa sangrando. Como era de esperar, se constituyó un equipo con todos los "perejiles": indumen­taria reglamentaria con el escudo bordado a mano por alguna vecina en las cami­setas, estatutos y entrenador, al tiempo que se organizó una liguilla entre las pobla­ciones cercanas, a las que se acudía montados en la caja de un camión de la mina.

Miguel Vázquez Vázquez

12 enero 2010

VIVENCIAS EN PEÑA DEL HIERRO VII

El correo, el teléfono y la prensa
............Diariamente, al principio en bicicleta y luego en motocicleta, un emple­ado de la empresa que simultaneaba las tareas de guarda jurado y en ocasiones de topiquero en el botiquín, se desplazaba hasta la Oficina de Correos de Nerva para recoger la correspondencia, tanto de la empresa como privada, que al día siguien­te distribuía. En la puerta de su casa, situada en la calle San Teodoro, conocida como calle del Taller, había dispuesto un buzón para uso público.
............Este mismo empleado era el encargado de traer desde Nerva la prensa, que llegaba desde Sevilla en los autobuses de línea de la empresa Casal. La "pren­sa " se reducía a un ejemplar del diario ABC de Sevilla, que llegaba con un día de retraso y estaba destinado a la Dirección de la empresa. Los interesados en la lec­tura tenían que aprovechar un desplazamiento a Nerva para hacerse con ejempla­res de periódicos y revistas que adquirían en los kioscos o en las librerías.
............En cuanto al teléfono, un solo número, el 90 de Nerva, era el único ter­minal de que disponía la empresa, gracias a una línea que venía paralela a la carre­tera del Huerto del Loco. Una centralita, situada en las Oficinas Generales, distri­buía las llamadas a los despachos del Director y de los Jefes en las jornadas de trabajo, pasando a la Casa Dirección fuera del horario laboral.

El servicio médico
............El Botiquín, situado en la parte alta de losTalleres, era atendido por un Practicante titulado que, en horario de trabajo, cubría todo tipo de incidencias sanitarias, incluso la atención domiciliaria de quienes no podían trasladarse. En casos muy graves y tras los primeros auxilios, se trasladaba al paciente al Hospital de la Compañía de Río Tinto, que se ocupaba tanto de los accidentes laborales como de las curas, inyecciones y otros problemas médicos de la población.
............Por su parte, el Médico de la Seguridad Social, procedente de Nerva, pasaba consulta semanalmente en el Botiquín, aunque en casos de emergencia y si se solicitaba su presencia, acudía en taxi desde Nerva al domicilio de quien lo necesitara.


La Enseñanza
............En La Peña de Arriba, cerca del Casino y como cabecera de un grupo de casas, se encontraba un edificio de grandes dimensiones, equipado adecuadamente con mobiliario de la época y apropiado para la docencia. En la fachada principal ondeaba la bandera española que, diariamente, tras el canto del himno nacional, brazo en alto, el maestro colocaba en el sitio apropiado. Un maestro titulado impartía la enseñanza obligatoria a los escolares de la zona, en esta escuela privada y mixta.
............Grandes ventanas a ambos lados iluminaban y ventilaban la nave. De frente, un cuadro con la foto de Franco y estratégicamente situada, la mesa del maestro y junto a él, sobre la pared, una gran pizarra en la que se escribía con tiza.


Todos los niños dábamos las clases juntos, a pesar de tener diferentes edades, ocupando los mayores los primeros asientos y los menores los últimos de las dos filas de bancas que, separadas por un pasillo central, acogían a un lado a las niñas y al otro a los niños. Al final de las bancas, en el centro, una chimenea metálica, calefacción en invierno y al tiempo cocina, para preparar la leche en polvo que junto con el queso de bola procedente de la ayuda americana, servían de alimento a los niños.
............La enseñanza comenzaba por aprender a leer y a escribir, utilizando como material didáctico la pizarra y el pizarrín, que luego iban siendo sustituidos por el cuaderno, la cartilla, el catón y la enciclopedia de grado elemental y grado medio de Dalmau Carles Plá. En los cuadernos de dos rayas se empezaba a escribir a lápiz, para finalizar escribiendo con tinta y con pluma de gallo en su palillero, que mojábamos en los tinteros de porcelana blanca encajados en la parte alta de las bancas. ¡Cuantas veces nos los echábamos encima! El tipo de letra obligatorio era la inglesa, que debíamos aprender casi con perfección de imprenta.
............Hacia el año 1958 se construyó una nueva escuela para las niñas, situada junto al antiguo hospital que estaba ubicado en las cercanías del Dique de Abajo y que en esta época eran dos viviendas.

Miguel Vázquez Vázquez

07 enero 2010

VIVENCIAS EN PEÑA DEL HIERRO VI

Seguridad

............El orden público estaba encomendado a la Guardia Civil que, diariamente, desplazaba una pareja andando desde Nerva. En cuanto a la vigilancia del patrimonio y la seguridad de los bienes de la Empresa, estaba encomendada a tres o cuatro guardas jurados, que iban perfectamente ataviados con su tercerola en bandolera, su uniforme de pana, gorra de plato y banda de cuero con placa ovalada de metal brillante al pecho, mostrando el anagrama de la compañía.
............Como autoridad civil existía la figura del Alcalde pedáneo, al ser La Peña una pedanía de Nerva. Este cargo lo desempeñó durante bastante tiempo D. Miguel Campos, Técnico de Minas, y posteriormente D. José Arroyo, el Maestro de escuela, al que en más de una ocasión recuerdo poniendo orden en alguna trifulca organizada en el Casino por algunos adictos a la botella. Menudos sofocones se llevaba el buen señor.

En una época más tardía se le encomendó la tarea de guardia municipal a un vecino de la localidad, que llegó a tomarse tan en serio el cargo, que un día, al atardecer y estando sentados en la marquesina del casino un grupo de amigos adolescentes, a uno de ellos se le escapó una ventosidad alta de tono, que él escuchó. Furiosamente se dirigió al grupo preguntando por el autor del ruido, para imponerle una multa. Nadie contestó. Montó en cólera, sacó una libreta y un lápiz y ante nuestra perplejidad, anotó el nombre de todos los del grupo. El autor del asunto estuvo preocupado más de una semana, pero afortunadamente nada pasó.
...............Había junto al Casino un cuartillo, "el calabozo ", que se decía era para los insurrectos que faltaban a la ley, aunque nunca supe de nadie que entrara allí. Para este fin, en tiempos anteriores, existia también junto al Casino una galería excavada hacia el Norte, que servia para encerrar temporalmente a presuntos delincuentes y que no era otra que la que conocí como bodega y a la que he aludido con anterioridad.



Los Viveres
............El Economato laboral, la Cooperativa (Sociedad Cooperativa de consumo "La Unión) o La Tienda, eran los distintas nombres con los que se conocía el almacén de víveres. Situado frente a los Talleres, no sólo abastecía de alimentos, sino también lo de artículos para la higiene personal y la limpieza doméstica.
............El aceite, siempre de oliva, se compraba por fracciones de litro, sirviéndose en la botella que se llevaba de casa la cantidad solicitada mediante una ingeniosa bomba de mano; el vino, de dos calidades, solera y corriente, de la Palma del Condado, se suministraba a granel.
............El pan, del día y de muy buena calidad, se hacía en la panadería de la Compañía, situada junto a la Central Eléctrica, y estaba equipada dos hornos que se calentaban con leña de jara y dos máquinas eléctricas de amasar, haciéndose a mano cuando faltaba la corriente eléctrica.
............Otros alimentos, como legumbres, patatas, azúcar, arroz, etc., se suministraban a granel en fracciones de kg, envueltos en papel de estraza. El tocino, que se conservaba en unas pilas cubierto de sal, en lo que llamaban la chanca, se vendía al peso, como la manteca, blanca o amarilla, y el bacalao, que se fraccionaba utilizando una herramienta grande a modo de cizalla.
............Una vez a la semana, en otra dependencia al final de la calle de San Carlos, se distribuía el carbón de encina que se utilizaba en los anafes de las cocinas y el cisco, de ramas de encina, para el brasero. Se debía acudir provisto de un envase, generalmente un saco en el que se cargaba la cantidad deseada, utilizando como útil de pesaje la entonces típica romana, con su brillante pilón de metal. Con el paso del tiempo se fue sustituyendo el carbón por el petróleo de cocinas que llegaba en bidones de 200 litros y allí, en el mismo recinto, se expendía a granel en fracciones de 5 litros.
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..........En esta época el único frigorífico estaba en la Casa Dirección, por lo que para los alimentos frescos, pescado, carne, fruntas, verduras, etc., "la revendedora" se desplazaba al Mercado de Nerva y cargaba la mercancía en una burra, para luego venderla en La Peña.

............En cuanto a la leche fresca del día, siempre de cabra, se compraba en las casas de las familias que criaban estos animales, así como los huevos a los que poseían gallinas, productos que se completaban con las hortalizas que la mayoría de las familias obtenían de sus huertos, bien cuidados por los muy buenos hortelanos que había entre los mineros.
............No hay que olvidar que muchos de ellos provenían de áreas rurales y habían llegado hasta la mina buscando estabilidad económica. Ayudados por la favorable climatología de la zona y el buen estiércol que obtenían de sus gallinas, bestias y cabras, lograban unas magníficas cosechas de tomates, pimientos, pepinos, habichuelas, patatas, melones, sandías, lechugas, espinacas, etc., además de contar con árboles frutales como el ciruelo, melocotonero, naranjo, higüera, membrillero, etc., que complementaban la dieta, así como se hacían conservas, fundamentalmente con el excedente de la cosecha de tomates, que se embotellaban con diferentes técnicas de conservación para disponer de ellos el resto del año.
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...........A lo expuesto hay que añadir el que en la Peña de Arriba, en un grupo de casas cercano a la Escuela, se encontraba el Estanco, un establecimiento que habría sus puertas para ofrecer una gran variedad de artículos de alimentación y de uso doméstico. Al estar en una vivienda, no se regía por un horario establecido, por lo que prestaba un gran servicio a todos los habitantes. La propietaria del negocio se desplazaba con frecuencia a la Sierra de Aracena, utilizando el servicio regular de autobús HueIva-Aracena, que pasaba por La Dehesa, para hacer acopio de chacinas y otros alimentos.
............Por último, hemos de reseñar que algunas familias engordaban un cerdo que cuidaban en improvisadas zahúrdas en las proximidades de las viviendas para, en su momento, proceder a la típica matanza, en la que participaban amigos y vecinos, festejando la ocasión con suculentos guisados.

Miguel Vázquez Vázquez

16 diciembre 2009

VIVENCIAS EN PEÑA DEL HIERRO V

LA VIDA EN LA PEÑA

Este diseminado conjunto urbano compuesto por la Peña de Arriba, la de Abajo, Puerto Alegre y Los Ermitaños, era el escenario en el que transcurría la vida de los habitantes de La Peña, nombre familiar dado al lugar, estando forma­da la población por las quince familias de La Peña de Abajo, las alrededor de cin­cuenta de La Peña de Arriba y entre quince y veinte en el resto de los caseríos.

Los Accesos

...............Tres eran las carreteras que facilitaban las comunicaciones entre el poblado de La Peña y las poblaciones cercanas: la de Nerva, la de La Dehesa y la conocida como de la Estación, pero por ninguna de ella circulaba transporte públi­co alguno que facilitara el acceso al poblado. Nerva y La Dehesa eran los núcleos más cercanos, a los que había que desplazarse andando para poder viajar. Estas carreteras tenían atajos que los caminantes cogían para acortar distancias.
................La Carretera de Nerva, la más transitada, era la que comunicaba con esta localidad, distante a 4,5 km. Hecha de tierra, con grandes pendientes y cerra­das curvas, se la conocía como la carretera del Huerto del Loco, huerto que se encontraba aproximadamente a la mitad del trayecto, existiendo en sus proximi­dades, algo más arriba, en el barranco, junto a la carretera, una fuente manantial conocida como "El Chorrito", que daba vida, sobre todo en verano, a los que hací­amos el camino

...............De unos 2,5 km la Carretera de La Dehesa, comunicaba con la carrete­ra que unía Riotinto y Campofrío. Su trazado, a finales de los cincuenta, era menos accidentado que el de Nerva y aunque en principio también era de tierra, más tarde fue asfaltada.
...............La menos transitada de las tres era la Carretera de la Estación, que par­tía desde la estación de ferrocarril que llevaba al Castillo de la Guardas y a unos 2 km, junto a la Mina Pepito, se unía con la de Nerva a La Granada de Riotinto.

Abastecimiento, servicios sociales y culturales.

El agua, la luz eléctrica, los alimentos, el correo, el teléfono y la pren­sa, los servicios médicos, la enseñanza, la iglesia, el cine, el fútbol, las diversio­nes, todo ello, como en cualquier otra población, eran elementos indispensables para la vida de quienes la habitaban.

El agua

En La Peña de Abajo el agua potable era de buena calidad y de ella se decía que era muy fina, porque cocía muy bien las legumbres y hacía mucha espu­ma con el jabón. Procedía de un manantial, ubicado al Noreste de la corta, al que se le hizo una galería y por gravedad se conducía por tuberías hasta un depósito regulador, enclavado entre el Polvorín y el Botiquín. Desde este depósito, también por tubería, llegaba a la fuente situada junto al Taller, donde se llenaban los cánta­ros y cubos para el consumo, fuente que tenía además dos pilares en los que bebí­an las bestias. A la Casa Dirección, Casa de Huéspedes y de Empleados el agua lle­gaba directamente por tuberías.

Para otros consumos, como el de las instalaciones mineras, jardines, huertos, etc., se utilizaba el agua del Dique de Arriba, que mediante tuberías y siempre por gravedad, llegaba a los puntos de consumo.
...............Por su parte. La Peña de Arriba obtenía el agua de un pozo, conocido como La Bomba, que aún se conserva, porque era con una bomba manual con la que se sacaba. En ocasiones, un trabajador tenía la tarea de mover el volante de la bomba para abastecer de agua a las personas que iban llegando, aunque casi siem­pre estuvo averiada y había que sacarla con cubos. No todos los vecinos, por escrú­pulo, bebían de aquí y se desplazaban a los pozos de los huertos o a la fuente que manaba en la cabecera del Dique de Abajo, por merecerles más confianza, y algu­nos bajaban a la fuente del Taller.
...............Otro lugar de abastecimiento era la fuente de en medio, en realidad una caseta/depósito con un grifo y un pilar, que se encontraba junto a la carretera, a la mitad del trayecto entre la Peña de Arriba y la de Abajo. Su agua provenia de un manantial de las inmediaciones y no tenía mucha aceptación para el consumo por su sabor a hierro, siendo un huerto cercano el que se abastecía de ella.
...............Por último, junto al Paseo había otra caseta/depósito con varios grifos y un pilar. Siempre la conocí seca, hasta que en tiempos recientes se le instalaron tuberías desde el Dique de Arriba. En el pasado esta fuente debió de estar en ser­vicio, pero el agua no era potable.

La Electricidad

Al principio de la década de los años 50, la que fundamentalmente recuerdo en estas páginas, los cortes de corriente eran habituales, a pesar del buen equipamiento existente para su suministro.
...............Existía un gran edificio dividido en tres naves, en cuya fachada princi­pal estaba un gran rótulo con letras de hierro en relieve en el que podía leerse: P.C.MLted. 1910, siglas de la Peña Copper Mines Limited.

...............Situado entre las Oficinas Generales y la Panadería, la nave occidental alojaba la central eléctrica, que se suministraba de la subestación que la Compañía Sevillana de Electricidad tenía en las inmediaciones de La Dehesa. Magnífica ins­talación con un enorme cuadro de control de mármol blanco y dos grandes máqui­nas (conmutatrices) que se encargaban de transformar la corriente alterna en continua para el consumo de la maquinaria del Pozo Maestro, el compresor, una excavadora que se encontraba en el vacie, además de las Oficinas, los Talleres y otras máquinas que entonces funcionaban con corriente continua. En la nave oriental se ubicaba el compresor de grandes dimensiones, una máquina que originalmente fue de vapor, pero que en esta época funcionaba con motor eléctrico. Y la nave central alojaba la caldera, que en otros tiempos suministraba de vapor a la máquina del compresor y probablemente a algún generador de corriente.
...............En la bocamina había otra caldera de vapor para el funcionamiento de forma alternativa con el motor eléctrico de la máquina de extracción de Pozo Maestro. La recuerdo, en un periodo de fuertes lluvias, desaguando la contramina que se había inundado. A toda velocidad una cuba subía cargada de agua y otra bajaba para llenarse, cubas que en casos de inundaciones del interior sustituían a las jaulas por las que se accedía al fondo de la mina.
..............El combustible de la caldera de vapor era la cepa de brezo, planta autóctona que abunda en la zona. Este mismo combustible se empleaba en las locomotoras de vapor que arrastraban las vagonetas por el exterior de la mina y como leña para las chimeneas de las casas, en las que se utilizaba como iluminación la lámpara de carburo, a la que llamábamos joco, y el candil de aceite como alternativa a la ausencia de alumbrado eléctrico.
..............En estos años en Los Cuarteles no había electricidad, pero sí los postes de la línea, como si en una época anterior hubiera existido. Algún liempo después se montaron los cables y en cada vivienda se colocó una sola lámpara, desde cuyo casquillo y mediante un triple, se conectaban los primeros aparatos de radio. Años más tarde se reforzaron las líneas y mejoró el servicio considerablemente.

Miguel Vázquez Vázquez

08 diciembre 2009

VIVENCIAS EN PEÑA DEL HIERRO IV

La Peña de Arriba

Un conjunto de doce grupos de casas constituían este poblado, pudién­dose datar sus orígenes con anterioridad a 1904, en que ya estaban edificadas,
Más conocida como Los Cuarteles, fue construida siguiendo un orden urbanistico dado por la naturaleza.Las cimas de los cabezos sirvieron de guia para asentar las hileras de casas, comunicadas entre sí por caminos, sin accesos de carreteras. Cada calle, o Grupo, como también se llamaban, era conocida por el nombre de algún vecino o por algo que lo diferenciaba de las demás, como la calle del Estanco o la calle de La Escuela. Aunque la orientación de los grupos no seguía una geometría ordenada, estaban construidos de tal forma que más o menos rodeaban a un área central o plaza en la que se encontraban el Paseo y el Casino, por cuyas inmediaciones pasaba la carretera de La Dehesa.

Estas eran más precarias y carecían de los servicios mínimos.Sus ventanas eran pequeñas y las habitaciones, muchas de ellas sin puertas, se comu­nicaban entre sí y sólo unas cortinas servían para guardar algo de intimidad. Dependiendo del grupo, eran de hilera simple o doble y según esto podían tener dos o una puerta, en el primer caso disponían de una principal y por la trasera se salía al "chozo" situado a pocos metros, que los propios mineros construían como desahogo de la casa, en el segundo caso, el "chozo" estaba frente a la puerta principal. En este cobertizo, construido con muros de pizarra y argamasa de tierra, techado con juncos y tierra sobre tablas de madera, se ubicaba normalmente la cocina. Las basuras y otros deshechos se arrojaban a las esterqueras, algo más ale­jadas de las viviendas.

Las casas se pintaban con cal, de un blanco resplandeciente y muchas de ellas lucían en puertas y ventanas macetas de geranios, claveles, azucenas, alba-hacas y otras especies, lo que conseguía dar a la barriada un ambiente acogedor y entrañable. En el interior, no faltaba como decoración algún objeto de metal relu­ciente, fabricado en los talleres por algún artista. El típico almirez, el brasero, cazos y otros utensilios cubrían las paredes, no siendo infrecuente encontrar un cuadro de la Sagrada familia colgado en lugar preferente.

El lavado de ropa lo hacían las mujeres en las puertas de sus casas, o en el barranco de Portalegre. Llevaban las paneras y el refregador en la cabeza y utilizaban un rodete de trapo como protector. Las casas más cercanas al Dique de Abajo realizaban esta tarea en el mismo, pues aún estando prohibido, no se respetaba estrictamente la medida.
En la zona más "céntrica", por la que si pasaba la carretera que venia de La Dehesa, se alzaba el Casino, frente al cual, más abajo y al otro lado de la carretera se encontraba el Paseo, una gran explanada de forma más o menos rectangular, con los lados menores semicirculares.Bien construido, el suelo era de tierra compactada y en el centro se erguía una farolá de hierro, rematada por brazos en forma de cruz.Estaba rodeado en su mayor parte por bancos de manpostería, que de forma continua delimitaban su perímetro. Lindando por una de sus esquinas había un escueto cerro, con pinos de pequeño tamaño, al que rodeaba una estrecha carretera cuya entrada y salida daban al propio Paseo. A comienzos de los años sesenta este cerrito fue aplanado para construir la Parroquia.

Siguiendo la carretera hacia abajo se abría un llano más o menos circu­lar, conocido como El Llano de las Cabras, así denominado por ser el lugar donde el cabrero recogía las cabras de los vecinos para llevarlas a pastar diariamente al monte.Para el control de los animales el pastor disponía, además, de un recinto cerrado con muros de pizarra, situado a la espalda del Casino.
Desde el Llano de las Cabras partían los caminos hacia Puerto Alegre y Los Ermitaños, y continuando de frente, subiendo una pequeña pendiente, se llegaba a los grupos de casas conocidos como Corea. Este nombre le fue dado en una época en la que se afincó en esas viviendas un gran número de arrieros procedentes de todas partes para trabajar en el transporte de mineral con sus animales. Era tal la cantidad de reyertas que se daban en esa zona que se la bautizó con el nombre de aquel conflicto bélico.

A la entrada de estos grupos la primera edificación era la Capilla, habi­litada para el culto religioso. Junto a ella se alzaba la Cruz de los Caídos, legado de la Guerra Civil. Hoy día aún se conserva.

Puerto Alegre
Pronunciado portalegre. estaba situado a menos de un kilómetro al Norte de Los Cuarteles. Constituido por tres grupos de casas, cruzados por el cami­no que conducía a la Mina Chaparrita y al Ventorro de Gervasio, este caserío nunca disfrutó de la luz eléctrica.

Los Ermitaños
Conocido como los Ermitanos, se encontraba a kilómetro y medio al Noreste de Los Cuarteles y a unos seiscientos metros al Noroeste del Dique de Arriba. Lo cruzaba el camino hacia Campofrio y tampoco contó nunca con electricidad.

Miguel Vázquez Vázquez

08 noviembre 2009

VIVENCIAS EN PEÑA DEL HIERRO III

EL POBLADO MINERO DE PEÑA DEL HIERRO

........En el término de Nerva en la provincia de Huelva, a unos 80 km de la capital y a 3 km al Norte de aquélla y a una legua por la carretera del Huerto del Loco, se ubicaban las labores mineras y el caserío al Suroeste del Cerro San Cristóbal, monte en el que se encuentra el vértice geodésico Padre Caro.
..........Dos núcleos principales, La Peña de Abajo y La Peña de Arriba, cons­tituían el poblado minero, a 1 km de distancia uno del otro, separados por el barranco de Las Cruces, que aguas arriba acoge a los diques Tumbanales n" 1 y n° 2. Otros dos caseríos más pequeños, Puerto Alegre y Los Ermitaños, albergaban al resto de la población de la mina.



La Peña de Abajo
..........En este caserío, sin una arquitectura definida, mezcla de colonial y rural, se encuentran los edificios más significativos. Por su proximidad al yacimiento estas edificaciones debieron de ser las más antiguas, pudiendo datarse entre 1882 y 1900, cuando la compañía The Peninsular Copper, C. Lted, más tarde S.A. Peninsular, lo estuvo explotando. Las últimas en construirse fueron la Casa de Huéspedes y la hilera con dos viviendas que siguiendo la alineación de este edifi­cio hacia el Sur, se levantaron junto al campo de tenis entre 1904 y 1905, años en que era propietaria de la mina The Peña Koper Mines Líed.
..........En la zona más alta de este entorno se alzaban la Casa Dirección, la Casa de Huéspedes o fonda y las Casas de Empleados, que de alguna manera cons­tituían una plaza, denominada Plaza del Centro, que era el tenis. Frente a los jar­dines de estas casas se erigía una fuente ornamental con un pequeño surtidor. Casi siempre estuvo seca y rellena de tierra, aunque en los últimos años fue restaurada.
..........En un nivel ligeramente inferior se extendía el campo de tenis. La pista de juego, que al principio debió de ser de tierra batida, últimamente estaba hecha de cemento y se conservó en buen estado hasta los últimos tiempos. Dos gradas construidas sobre un lateral, aprovechando el desnivel del terreno, servían de asiento a los espectadores. Inmediatamente detrás se mantenía el pavimento de lo que fue la caseta vestuario y almacén de accesorios para la práctica de este depor­te. A fines de los años 50 el campo de tenis fue destruido para extraer el mineral calcinado, morrongo, que se encontraba debajo. El resultado de esta operación deterioró gravemente el paisaje.
..........Este área tenía características peculiares en la época de la compañía inglesa. En parte estaba amurallada y franqueada a través de una cancela de hie­rro, que impedía la entrada por los accesos que proceden de Nerva. Para salvar el obstáculo, desde este punto, partía una carretera de circunvalación, que rodeaba los jardines de la Casa Dirección y conducía a la zona de los Talleres y de la Cooperativa. En el primer tramo de este ramal, por el lado que daba a las casas, se extendía el muro y por el otro estaba sembrado de pitas, lo que servía de protección al terraplén que conducía a un gran corralón en el que se almacenaba diverso material de ferrocarril y piezas de grandes dimensiones. A su vez, estos arbustos servían de ornamentación ya que en esta época estaban muy desarrollados, con tallos de unos 3 a 4 metros que sostenían las flores y el fruto, llegando a medir sus hojas casi 2 metros de longitud.
..........En niveles inferiores del terreno, hacia el Noreste, se encontraban Los Talleres, el Economato, conocido como La Tienda, y las calles San Teodoro, lla­mada comúnmente calle del Taller, y la de San Carlos; y más abajo, hacia ponien­te, las Oficinas Generales, que ocupaban un gran edificio de dos plantas.
..........El acceso a los Talleres, desde la carretera y a la altura del Economato, se hacía cruzando un puente, bajo el que pasaba el ferrocarril procedente de la corta o la trituradora hasta los vacies situados junto a las oficinas y terminaba en la Planta de cribado o Cernidora. Por este mismo puente se accedía también a la calle del Taller y siguiendo recto, tras subir una empinada cuesta y girando a la derecha se llegaba al Pozo Maestro, y si el giro era a la izquierda se iba al Botiquín, sito en la parte alta del taller de carpintería. Continuando desde el Botiquín hacia poniente e inmediatamente detrás de la Casa de Huéspedes, se abría un gran pinar de pino piñonero, acompañado del típico matorral, y se llegaba al llano de Las Cuadras, donde tenían los ingleses los caballos para la práctica de la equitación y de cuyos establos, perfectamente acondicionados, todavía se conservan restos de los pesebres, que estaban revestidos de azulejos de cerámica, y del poyete de dos peldaños que utilizaban para subirse a los animales.
..........Todo el conjunto se asentaba sobre un terreno muy desigual, disimula­do por la exuberante vegetación, de grandes eucaliptos, entre los que surgían dife­rentes arbustos de crecimiento espontáneo. Este monte matorral lo formaban fun­damentalmente jaras, brezos e hierbas que le daban a la zona una particular belle­za, lo que contrastaba, tal como se aprecia en los documentos fotográficos de prin­cipios del siglo XX, con la inexistencia de vegetación en la cuenca minera, como consecuencia del efecto devastador que causaban los humos de dióxido de azufre por la testación de pirita al aire libre, las teleras, y por la tala de árboles que ser­vían como combustible para este fin.




..........Las casas de Dirección y de Empleados, eran de sólida construcción con anchos muros de pizarra y hermosas habitaciones que estaban bien ventiladas por amplias ventanas y tenían chimenea en el salón. Disponían de marquesina y jardín en la entrada principal, así como de un gran patio, con carbonera y retrete, en la parte posterior. En la cocina y en la pila de lavar, situada en el patio, había agua corriente, si bien el aseo en la primera época se hacía en el típico palanganero, con espejo y jarro para el agua. Más tarde se construyeron cuartos de baño, similares a los actuales, con termo eléctrico que proporcionaba el agua caliente. Las demás casas, en las calles San Carlos y San Teodoro, no tenían jardín ni patio y tampoco agua corriente, estando los retretes comunitarios en las inmediaciones. No obstan­te, algunas de ellas fueron modernizándose con el tiempo.

..........Todo este paraje culminaba hacia el Este con el majestuoso malacate levantado en 1904 sobre el Pozo Maestro y construido con madera. Ha servido de portada a multitud de informes y revistas y de él al menos existen tres réplicas que perpetúan su recuerdo, una a escala natural en Nerva, con las poleas originales, otra reducida en la Universidad de Huelva, y otra en el lugar original donde desapareció en un incendio, que se dice fue intencionado.
..........A la espalda del malacate, tras un perfil muy empinado, se encuentran la corta y las escombreras de estériles, que con una geometría casi perfecta, mar­can los niveles de los bancos de explotación de los que habían sido extraídos. Los diferentes colores de los materiales que allí están depositados, en los que sobresa­le el rojo del gossan, que intercalado con ocres y otros tonos amarillentos, le dan a la zona una singular belleza. En la coronación de estas escombreras se encuen­tran Los Riscos, del mismo color rojo que los óxidos de hierro. Fue este particular remate el que sirvió de referencia para darle a la mina el nombre de Peña del Hierro.

Miguel Vázquez Vázquez

09 octubre 2009

VIVENCIAS EN PEÑA DEL HIERRO II

A D. Enrique Mackay le sustituyó en la dirección el ingeniero de minas D. Federico Willke Lindegart, de origen alemán, que había sido capitán de la Wermacht en el frente ruso durante la segunda guerra mundial. Tuvo suerte de salir con vida.
En 1955, D. Juan Adam vendió sus acciones a la empresa Indumetal, interviniendo en la compra D. Federico Lipperheide, D. Domingo üuzmán y D. Javier Artola, venta que dio lugar a una nueva empresa, CONASA (Compañía Nacional de Piritas S.A.), una compañía vasca que fijó su sede en Madrid.
Hasta entonces. La Peña fue una compañía en la que no intervinieron accionistas españoles, un caso parecido al de Tharsis, sino solo ingleses con algu­nas partidas bastante importantes en manos de inversionistas franceses y otras en manos centroeuropeas. Este dato es importante ya que la minería onubense estuvo muy de moda en todas las bolsas europeas, no así en España, sin embargo dos inmensas fortunas de la aristocracia española se amasaron gracias a la compra de acciones de Río Tinto, cuando la mayoría del ahorro popular español se destinaba a la agricultura o al inmueble urbano.
Ya con la compañía española, el primer director técnico fue D. Antonio de la Mata León, Facultativo de Minas, junto al que se incorporó D. Manuel Martín Baquero como director administrativo, ambos procedentes de Bilbao. El nuevo director decidió utilizar la Casa de Huéspedes como vivienda, a la que se le reali­zaron importantes obras como la construcción del jardín. Desde entonces, esta casa la fueron ocupando los siguientes directores, quedando la antigua Casa Dirección para el alojamiento de las visitas.

Posteriormente ejercieron la dirección D. Teodoro Barabásh y D. Manuel Vázquez Marín, de Val verde del Camino, quien tras un corto periodo de tiempo en el cargo, murió en un accidente de tráfico ocurrido en las inmediaciones de la central eléctrica que la Compañía Sevillana de Electricidad tiene cerca de la Dehesa de Río Tinto, al colisionar el coche que conducía con uno de los propios camiones de la compañía que transportaban el mineral a Huelva.

Más tarde se incorporó D. José Zomeño y últimamente, como Director Facultativo, el ingeniero de Minas D. Juan Contreras, entonces director de Minas de Aznalcóllar.
Ya en la década de los sesenta, concretamente en los años 1966-67, la recién creada empresa Río Tinto Patino alquiló y rehabilitó la antigua Casa Dirección como residencia para sus técnicos, así como la Casa de Huéspedes y el antiguo laboratorio como viviendas, además de alquilar las aguas de la contramina
Algunos años después, a fines de 1973, Río Tinto Patiño compró las acciones de CONASA, pero siguió manteniendo comercialmente el nombre de esta empresa.


Miguel Vázquez Vázquez

29 septiembre 2009

VIVENCIAS EN PEÑA DEL HIERRO I

Desde su regreso, hasta su muerte en 1954, el ingeniero director fue D. Enrique Mackay Heriot, que contaba con D. Juan José Vázquez Domínguez como responsable de la administración y a quien cedía los poderes en sus ausencias.


D. Enrique y su esposa D.ª Margarita, de origen alemán, vivían en la Casa Dirección, monumental vivienda, de extenso jardín con una enorme variedad de flores y árboles ornamentales y una fuente surtidor adornada con plantas acuáticas. Un merendero estratégicamente situado, con vistas impresionantes, le daban al conjunto la categoría de paraíso. Con frecuencia recibían la visita de su hija D.* Erica, casada con D. Juan Adam, accionista de Peña y copropietario con D. Enrique Mackay de las Minas San Miguel, desde su compra en 1925, y Director General de la Seville Water Works (Compañía de Aguas de Sevilla), a los que acompañaba su hijo Johnny, quién disfrutaba de los encantos del entorno, jugando y compartiendo juguetes con los niños de su edad.



Fue una familia muy querida en la mina y que, salvando las diferencias de cultura y del idioma, destacaron por su gran humanidad y su amor a los animales y a la naturaleza, siendo habitual la atención y ayuda que solían proporcionar a los mendigos que pasaban por La Peña.

Cuando D. Enrique murió en La Peña, aquejado de una grave enfermedad, sus restos mortales fueron trasladados desde la mina, probablemente a Sevilla. El coche fúnebre que los trasladaba hizo una parada junto al casino, donde el vecindario estaba esperando para darle la despedida. La tristeza de la gente era manifiesta y un vecino se atrevió a dirigir unas palabras de homenaje, recuerdo y agradecimiento a D. Enrique, terminando su intervención con un "Adiós" y un "¡Viva Don Enrique!"

Cabe hacer aquí un inciso para señalar un dato conmovedor, proporcionado últimamente por John Adam, conocido por Johnny. Su madre. Doña Erica, fallecida con más de 100 años, quizás 104, dejó escrito en su testamento que deseaba ser incinerada y que sus cenizas fueran esparcidas en Peña del Hierro, lugar éste donde vivió los años más felices de su vida. Su deseo fue cumplido y ahora descansa sobre "Los Riscos", lugar al que tuvieron que subir al comprobar que la Casa Dirección, que fue su primera intención, ya no existía.

Miguel Vázquez Vázquez

VIVENCIAS EN PEÑA DEL HIERRO

BREVE INTRODUCCIÓN HISTÓRICA

Como en toda la cuenca minera onubense hay indicios de explotación desde muy antiguo hasta época romana. No obstante, los primeros referentes de la explotación del yacimiento datan de 1853, fecha hasta la que fue explotado por D. Agapito Artaloitia, que en ese año lo vendió a la compañía minera Nuestra Señora de los Reyes, empresa que continuó los trabajos hasta el cese de la actividad en 1866. Diecisiete años después, en 1883, se reanudó la explotación en la mina tras su compra por la compañía Peninsular Copper Company, que la mantuvo hasta el cierre en 1900, pasando al año siguiente a manos de los ingleses con el nombre de The Peña Copper Mines Limited, con sede en Londres.


Esta nueva sociedad, cuyas acciones se cotizaban en la Bolsa de Londres, tenía entre sus accionistas a D. Juan Adam, que poco a poco se fue haciendo con los principales paquetes de acciones, hasta que logró ser el accionista mayoritario y Presidente del Consejo de Administración.

Desde 1901, la mina estuvo dirigida por el ingeniero de minas Alexander Brown, quien en 1916 pasó como director a la Mina Castillo de Buitrón. Después de esta fecha, la dirección estuvo en manos de D. Enrique Mackay, también ingeniero de minas inglés, que fue cesado por la compañía a principios de los años 30. Durante aquellos tiempos, en las décadas de los años 20 y 30, el Presidente del Consejo de Administración y principal accionista fue el Sr. Masseaouti, de origen turco.

Poco después de finalizar la segunda Guerra Mundial, en 1947, regresó D. Enrique Mackay a La Peña para retomar la dirección, gracias a que su familia se había hecho con la mayoría de las acciones de la mina. Durante las casi dos décadas en que estuvo ausente D. Enrique, tiempo en el que transcurrió la guerra civil española, fue director de la explotación el abogado D. Octavio Cerisola Domínguez, que contaba con D. Antonio Morales como Facultativo de Minas y con D. Faustino Mesa y D. Pedro Sánchez como jefes de Talleres.

Miguel Vázquez Vázquez