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04 junio 2009

EL RIO ODIEL ( XII )

Ricardo Gómez Ruiz

Los batanes habían desaparecido ya en aquellas épocas pero los molinos, tras sucesivas ampliaciones y mejoras, siguen cumpliendo su función. Los campos, trabajados por cuadrillas de braceros sin derechos, son sembrados hasta en los lugares mas abruptos y el grano recogido se sigue moliendo junto al río. Trabajan en ello familias de molineros, en arriendo o propiedad, que cobran por su trabajo porcentajes de maquila que habían permanecido invariables desde la Alta Edad Media.

Ya bien entrada la segunda mitad del Diecinueve aparecen en el horizonte social de la comarca las grandes empresas mineras. La lucha entre un mundo rural, injusto y miserable, anclado en muchos aspectos en la Edad Media, y las compañías extranjeras recién asentadas en la zona, con todas sus posibilidades sociales y técnicas que ofrecen a la superación personal, va a ser dramática y tiene su punto de inflexión en 1888, el Año de los Tiros, con la derrota del primero.Desde aquella fecha, estos campos comienzan un largo declive y con él, el de todas las industrias agropecuarias que a la sombra de su producción se hicieron necesarias. El primer molino no rural, “con su máquina de vapor y pertrechos propios del artefacto”. trabajaba en la calle de Las Fuentes de Zalamea pocos años después de pasar a manos inglesas las minas de Río Tinto . Para entonces ya no constan en los documentos de archivo batanes, tahonas ni cererías y si numerosas compras por La Compañía de molinos asentados en el río Tinto. La finalidad de tales transacciones es clara pues aquellas industrias suponían un estorbo para los procesos de transformación previstos por la empresa en el cauce alto del río, entre Nerva y la aldea de La Naya . Se intuye ya la agonía histórica de unos modos de vida presentes en la zona durante tantos siglos.

A pesar de ello, los viejos oficios siguieron manteniéndose durante décadas. El recuerdo de curtidores, maestros de lagar, y molineros está aún presente, aunque ya disfuminado, en la memoria de los mas ancianos. Sobre los años veinte, aquellos oficios tenían carácter residual y anecdótico. No había competencia posible con las poderosas empresas mineras que habían aportado a la zona empleo, especialización laboral y mejores condiciones de vida.

Una tecnología de motores, engranajes y acero sustituye a la madera y al hierro de fragua medievales . Se conquistan mejoras sociales lentamente y las minas se convierten en la única fuente de riqueza capaz de sostener a una población cada vez mas numerosa. Y esto sucede a espaldas del campo cuyos propietarios, casi todos latifundistas, no estaban mentalmente preparados para reformar unas estructuras socioeconómicas de muy difícil viabilidad.

Junto a tantos evidentes beneficios, la minería extranjera aportó también a esta comarca una serie de factores negativos: situaciones semicoloniales, imprevisión a largo plazo, nula diversificación y falta de creación de estructuras básicas para un aprovechamiento integral de aquella riqueza . Y, desde una perspectiva ambiental, las enormes alteraciones producidas en la mayor cuenca hídrica provincial, precisamente en la zona donde las aguas mas escasean.

Vinieron mas tarde los horrores de una guerra civil, las hambres, el resurgir del caciquismo, los planes de desarrollo, los bosques de eucaliptos y la crisis del cobre. Y después, las subvenciones de Fondos Europeos, la revalorización del bosque de quercíneas y la esperanza novedosa de las plantaciones de cítricos. Pero todo ello es actualidad conocida, ajena a las viejas industrias. Las máquinas hidráulicas, objeto principal de este trabajo, hacía tiempo que habían cesado de girar , quedando sus restos como mudos testimonios del pasado.

Tal es la historia, a grandes rasgos, de esta región del occidente andaluz. Por sus características geográficas pudo conservarse, en muchos aspectos, como una reliquia del pasado, con usos pintorescos, rico folklore, modos de hablar extraños al andalucismo tópico, y restos culturales remotos enquistados en la geografía sureña. Las industrias extranjeras asentadas en los territorios circundantes hicieron pasar bruscamente a la modernidad a una sociedad con viejas raíces. De forma traumática a veces pero sin erradicar totalmente aquella cultura agraria. Hasta hace pocos años, el minero, tras la jornada, aún poseía fuerzas para sachear huertecillos arrendados a un precio simbólico por las compañías mineras y engordar algún cerdo para la matanza. Era como si, por instinto, los hombres de la zona se resistieran a renegar de su pasado primigenio. Y así se mantuvo un peculiar modo de vida donde la explotación del subsuelo significaba el sustento diario y el campo una ayuda económica pero, sobre todo, un desahogo a las tensiones del trabajo poco gratificante de la contramina.

Estas fueron las razones por las que aquel mundo agrario primitivo se mostrara vigente en esta tierra hasta un inmediato ayer. Un mundo inviable ya, que realizaba sus transacciones en reales y duros, pesaba en quintales o arrobas y tenía por medidas la fanega, el almud y la legua castellana. Una sociedad de la que solo resta un vago recuerdo y un paisaje alterado, pero suficientemente evocador y placentero para el que pasea sus soledades. FIN

23 mayo 2009

EL RIO ODIEL ( XI )

Ricardo Gómez Ruiz

Viviendo del campo, del oficio manual o del comercio, la población de entonces poseía un grado aceptable de bienestar para la época, sin grandes diferencias económicas. Como en tiempos pasados, aún existen boyadas comunales, impuestos de raíz medieval y enormes privilegios para la Iglesia. Los documentos notariales muestran numerosas compraventas de pequeñas fincas. Por el contrario, no detectan ni latifundios extensos ni grandes fortunas.

Todo este sistema social va a sufrir una transformación paulatina a lo largo del Siglo XIX, desde sus mismos inicios. Tres episodios sucesivos, uno bélico, el segundo político y el último industrial, serán los determinantes de un cambio irreversible aunque ciertas formas de vida perdurarían con carácter residual hasta los tiempos modernos. Fueron aquellos la Guerra de la Independencia, los procesos de Desamortización y el resurgir de la minería del cobre.

El levantamiento popular del Dos de Mayo fue conocido en la comarca pocos días después a través de Mérida, dando lugar a actitudes de exaltación patriótica, bandos de alistamiento y formación de milicias populares. Sin embargo, no parece que afectara de forma notable al normal transcurrir de la vida cotidiana .

La toma militar de la zona se inició a sangre y fuego en la Primavera de 1810, desde Castillo de las Guardas, provocando un éxodo general de la población hacia el Oeste. Tampoco las trágicas consecuencias de esta acción de conquista debieron incidir gravemente en las coordenadas socioeconómicas del área. Los franceses permanecieron en ella menos de una semana, limitándose a imponer obediencia a José I. Pasados unos días, tanto la Administración Local como las Notarías revelan una actividad normal.

Fue un año después cuando comenzó el calvario para la población pues las tropas realistas e imperiales, a su paso alternativo por los pueblos, esquilmaban los escasos recursos hasta límites de subsistencia.

El 8 de Septiembre de 1811 se procede a la “Venta Real y enagenación” de tierras de Capellanías, Hermandades y de Propios que poseía Zalamea desde “inmemorial tiempo”. Entre ellas se incluyen las que costaron al pueblo 33.000 reales de vellón en 1744 en un pleito ganado por la villa frente al Juez Comisionado Caro de la Barrera. Solo pueden venderse algunas suertes de encinas, lo que nos da una idea del estado económico de la población en aquellas fechas.

El 9 de Noviembre de 1812 y ante las amenazas y coacciones de los ejércitos en lucha, el Ayuntamiento de Zalamea, en una situación angustiosa, se ve obligado a enajenar en pública subasta la dehesa Rincón de El Villar, uno de los extensos bienes comunales que poseía el pueblo desde mediados del Siglo XIV. De su parcelación y venta resultó mayor beneficiario un Presbítero, Don Juan Lorenzo Serrano. Con este religioso se inicia un latifundismo espectacular
que aún perdura en nuestros días .

Numerosos baldíos, definidos genéricamente como tierras realengas, y seis dehesas poseían estos pueblos ante de los procesos de desamortización. Otra, la del Arzobispo, era propiedad de la Iglesia. Al menos tres de aquellas, La Alcaría, Rincón de El Villar y del Cabildo se extendían en este área junto a variados terrenos abruptos, presumiblemente realengos, dado su escaso valor económico. El régimen de propiedad de la tierra se completaba con numerosas capellanías, propiedades de hermandades y obras pías así como un número indeterminado de tierras de arada particulares.

Los procesos de desafectación modificaron drásticamente el régimen de la propiedad agraria. En los archivos se describen algunos tímidos intentos de privatización de bienes comunales anteriores a la llamada Desamortización de Godoy de 1798 pero es desde principios de siglo cuando las ventas de bienes municipales adquieren un volumen considerable, con la base legal de variadas disposiciones .

Mediante aquel proceso de enajenación las fincas se dividían en padroneras y éstas, a su vez, en suertes a bajo costo. Se adquirieron en subasta por importes que oscilaban entre los 700 y 1600 reales de vellón cuando su precio real era muy superior. Y el producto de las ventas, salvo la excepción, por motivos de guerra, de la dehesa Rincón del Villar, se ingresaba en la Real Caja de Amortización, cuyo Comisionado estaba presente en las subastas.

Otra modalidad de venta encubierta fue el rédito censario, que aparece en l838, cuando aquellos bienes de propios pudieron ser repartidos mediante un canon perpetuo de 30 reales de vellón anuales por suerte, con derecho a compra por parte del adjudicatario. De esta forma pasaron a manos privadas la mayor parte de las grandes dehesas comunales de la zona. Hacia 1864, el proceso de privatización parece haber terminado, consolidándose una estructura latifundista que aún había de aumentar por compras y uniones familiares.

A la par de tierras, también se enajenaron industrias pertenecientes al patrimonio eclesiástico. El 13 de Agosto de l855 pasan a manos privadas dos de los molinos de El Batán, en término de Calañas, que eran bienes de un Mayorazgo desde 1669.

El 1 de Mayo de 1855 aparece la Ley Madoz que permite, por vez primera, la privatización de los bienes eclesiásticos en forma general. Habían pasado años suficientes para que los primitivos compradores de tierras comunales hiciesen fortuna por lo que unas pocas familias, cuyos apellidos se reiteran hasta la saciedad en dotes matrimoniales, compras y testamentos, serán los únicos posibles propietarios de las capellanías, tierras cofrades y patrimonio rural de obras pías cuyos orígenes eran, a veces, muy antiguos. Con ellos adquiere notable entidad un fenómeno oligárquico que provoca enormes diferencias sociales.

14 mayo 2009

EL RIO ODIEL ( X )

Ricardo Gómez Ruiz


Una variada gama de ingenios se suceden. Fueron aportaciones culturales cristianas que no hicieron desaparecer los antiguos artilugios. Junto a los nuevos ingenios como prensas de tórcula, lagares, batanes y molinos de eje vertical siguieron empleándose las máquinas islámicas como balancines de huerta, norias de linterna y ruedas de palas. Y sin que mediara un largo proceso de asimilación porque ya en los inicios del Siglo XIV trabajaban en los tramos finales del Odiel las aceñas árabes junto a los molinos castellanos , posibilitando una cultura agraria tan eficaz que subsistió a los cambios económicosociales y que ha llegado, sin apenas variaciones estructurales, prácticamente hasta nuestros días.

En la agricultura, el mundo cristiano aportó también técnicas de arada con vertedera y la generalización del abono orgánico de los estercoleros comunales . Los pagos junto a los poblamientos se transforman en cercados de labor mediante la enmienda con material mas fértil y en los que la pared de piedra es, casi siempre, no solo límite de propiedad sino también muro de contención a las tierras de acarreo. Aparece el huerto familiar con aportes hídricos de regatos y fuentes públicas. En ellos se siguió usando la “cigüeña” islámica (Foto 9).

El paso del tiempo poco hubo de cambiar unas normas de vida de origen cristiano medieval. Entre la escasísima información que hemos podido hallar aplicable a esta comarca a mediados del Siglo XIV existe un documento por el que sabemos que, por estas fechas, no estaban aún formados los Concejos en...”logares desta dicha Iglesia de Sevilla”..., pero sí definidas las dehesas boyales y señalizados los lugares y pasos de transhumancia. Otro documento posterior, de 1408, complementa la información del primero, cuando se dirime un pleito en el Concejo de Zalamea .

El Siglo XV nos presenta una sociedad jerarquizada, ruralismo, hambrunas y pestilencias bajo la sombra dominante de una Iglesia todopoderosa . También bandolerismo y carestías. Y conatos de apropiación de tierras eclesiásticas y realengas por el poder aristocrático .

A principios del Siglo XVI aparecen las primeras referencias a molinos en la zona aunque sin duda estos ya estaban siendo utilizados tiempos atrás en los cursos de agua. Al paso de los años, la información aumenta con descripciones naturalísticas de gran interés donde se presenta un cuadro social que poco había cambiado en el transcurso de los años: régimen feudal, profusión de Capellanías eclesiásticas. escasez de recursos y extensos bienes comunales administrados por los respectivos Concejos.

Estudiando los documentos de archivo de aquellos años se intuye que, en un mundo rural marginado en su propia lejanía y anclado en sus usos ancestrales, poco importaban los grandes acontecimientos que marcaron el destino de España como nación. No hemos hallado referencias interesantes a las grandes empresas oceánicas ni al inexorable declive del Imperio. Incluso hechos tan relevantes como el intento de independencia de Andalucía. la definitiva desmembración de Portugal y las guerras de Cataluña solo se atisban por las inevitables levas e impuestos especiales. Casi toda la documentación a la que hemos tenido acceso para los pueblos de la comarca hacen referencia a temas localistas o, cuando mas, a normas de relación entre las villas y los centros de decisión administrativa de los que dependían: el Arzobispado hispalense, la Casa Ducal de Medina Sidonia y raramente la capital del reino o la Cancillería de Granada.

Solo hacia 1750 la información se hace mas variada y precisa. La administración local de estos pueblos da respuesta a los capítulos del Interrogatorio para la Unica Contribución e inmediatamente después se realiza el censo riguroso de bienes, tanto de civiles como de eclesiásticos, del Catastro de Ensenada. Asentadas las bases de la administración borbónica,la región entra en un período de desarrollo agrícola notable, con una nueva fase de rotulación de tierras. Se nota cierta modernidad en los sistemas de producción, el comercio se activa con nuevos mercados y las clases dominantes, situadas entre el latifundismo, la industria y la transacción de bienes, es decir, las actividades mas rentables económicamente, van a acumular cada vez mas riqueza y poder político. Aparecen los primeros apellidos de terratenientes en Calañas .

La Iglesia de la época conserva intactos, como en épocas medievales, sus derechos económicos así como su enorme influencia como regidora de conductas sociales. El eclesiástico del Antiguo Régimen sigue siendo en estos pueblos guía espiritual, consejero en los mas variados asuntos,
detentador de la cultura oficial y hasta juez en diversos pleitos. En el proceso de desarrollo que experimenta la sociedad hacia la segunda mitad del Siglo XVIII se reforman algunos molinos y batanes mejorando sus accesos, puentes y caminos. La vieja ruta medieval que, desde Sotiel, conectaba todas las industrias maquileras asentadas en el río (Foto 10), presenta una actividad inusitada, con recuas cargadas de costales, voces arrieras y girar de rodeznos. Es la edad de oro de la molinería hidráulica en la zona. Los excedentes agropecuarios propician un activo comercio con zonas tan alejadas entonces como Cádiz, Salamanca o Granada De los años ochenta, en un corto período de recesión económica debida a los malos años , son los conocidos cuestionarios de Don Tomás López de Vargas Machuca, “geógrafo de los dominios de Su Magestad”, a los que dan respuesta los curas mas ilustrados de estos lugares. Gracias a ellos poseemos una completa visión ecológica y social de la región en las postrimerías del siglo.

Desde los lejanos tiempos medievales la evolución social de estas áreas no habían experimentado cambios apreciables. El régimen de propiedad de la tierra era en su mayor parte comunal y, aunque comienzan a aparecer terratenientes de cierta entidad, son la Iglesia y los Concejos los mayores latifundistas. El patrimonio eclesiástico se incrementa a lo largo del tiempo por donaciones testamentarias y fundación de Capellanías que estaban, por lo común, arrendadas en justiprecio. Las tierras realengas y los minifundios tenían escasa entidad en estas áreas .

07 mayo 2009

EL RIO ODIEL ( I X )

Ricardo Gómez Ruiz

La cabra y la oveja se nutren del monte y de la vega; el cerdo, no. La montanera necesita de una mas racional explotación del árbol para incrementar su producción de frutos. La introducción de cerdos en la comarca hubo de cambiar progresivamente el paisaje al transformar las masas boscosas en dehesas de encinas, alcornoques y quejigos . La adecuación ecológica de los recursos a las nuevas técnicas agrícolas no parece haber sucedido en fechas inmediatamente posteriores a la cristianización, según se deduce de los documentos mas antiguos. La escasa población de origen islámico que subsistió a la conquista y los nuevos pobladores debieron vivir un régimen económico social de campos abiertos donde los vecinos podían instalarse libremente, sin las limitaciones de la propiedad comunal . Este sistema libre de la explotación de recursos fue modificándose con el tiempo, con normas y ordenanzas, por criterios de buen gobierno y rentabilidad sostenida.
El cuidado del árbol, la especialización que requiere su aclarado, la contínua vigilancia y los manejos necesarios en la industria chacinera hubieron de ir cambiando no solo la ordenación de los recursos botánicos sino también la modalidad de poblamientos y las normas de convivencia. Es entonces cuando aparecen los Concejos de regimiento y la regulación y uso del entorno agrario mediante las Ordenanzas Municipales. El musulmán era un hombre fundamentalmente urbano que, al menos en estas tierras, vivió en poblados de cierta entidad o cerca de ellos, sin alejarse excesivamente de su periferia. Suponemos una masa campesina de pastores, aparceros y pequeños propietarios habitando los bosques de manera estacional con extensas zonas prácticamente vírgenes.

Todo ello cambió con la cristianización. Los nuevos amos de la tierra, en los inicios del Siglo XIV, dieron al árbol un valor extremo, de supervivencia. Y, para mantenerlo en producción, comienzan la rotulación y manejo de zonas antes cubiertas por bosque mediterráneo. Son varias las citas de archivo que se refieren al cuidado del encinar, a la estricta reglamentación del “fructo de bellota”, a las leñas y su aprovechamiento, al deber de “hacer encinas”, a los limitadísimos permisos de corta que reflejan las normas concejiles y determinan, sobre todo, las Ordenanzas Municipales cuyos orígenes son claramente anteriores a su aprobación . Y todo ello en un paisaje rural donde se crean nuevos núcleos urbanos “en lugares de antiguo despoblados”, organizando en ellos Concejos y parroquias .

De la importancia que el cerdo tuvo para el cristiano de la época en esta zona da fe el que rara es la manifestación de arquitectura popular donde no esté presente la majada. Y a veces llegó a tal extremo la dependencia de la vida rural con la montanera que en las ruinas de una aldea medieval abandonada, localizada cerca de la zona de estudio, el trazado de las casas se planificó como un baluarte alrededor de las cochiqueras comunales .
Para aquellos cristianos, el vino fue principalmente alimento y especie imprescindible en el Misterio de la Transustanciación. Conocido por los mahometanos a pesar de la prohibición coránica , ni en las épocas de mayor relajación de costumbres fue permitido el viñedo extenso en al-Andalus para la vinificación. La uva era consumida en fresco o en forma de pasas. Con la llegada de los cristianos, en estas tierras comenzaron a sembrarse hanegadas de cepas y las viñas fueron ya, durante largos siglos, parte del paisaje periférico de las villas, aldeas y lugares. Reguladas estrictamente por los Concejos en sus tiempos de esquilmo y laboreo, en su acceso a ellas de personas y animales , de aquellos pagos, antaño cubiertos de sarmientos, se conserva aún hoy una variada toponimia .

Los conquistadores provenían en su mayor parte de terrenos cerealistas de Castilla y León, de los Campos Góticos, de las tierras de pan llevar mesetarias. Traían una cultura de secano, de siembras por año y vez con barbecho y aceptables resultados. Y la aplicaron en estos montes con escaso éxito. A golpe de arado tirado por bueyes y vacas iniciaron la rotulación de zonas no aptas para trigo y cebada, aclarando el bosque y sembrando gramíneas entre los pies de encina. En sus intentos de paliar los pobres rendimientos mediante la siembra por extensión, se accedió a terrenos incultos cubiertos de matorral . Estas técnicas rudimentarias, complementadas con escaso abono orgánico, rozas y quemas, hubieron de mostrarse poco productivas . La pobreza de la capa arable, la climatología y lo fragoso del terreno han dado siempre a estos suelos con clara vocación forestal una escasa rentabilidad agrícola, demostrable tanto por la documentación histórica como por recientes experiencias de postguerra .

Tres aportes culturales cristianos: la montanera, el cultivo de la vid y la siembra extensa de secano. Con su implantación en estas tierras comienza la modificación de los paisajes primegenios, organizando el entorno de las poblaciones bajo una nueva perspectiva ambiental. Las rotulaciones hubieron de comenzar con los inicios del Siglo XIV, tras la despoblación que conllevó la conquista y con el asentamiento definitivo de nuevos colonos para los que eran vitales la carne, el vino y el pan.

Pero esta nueva organización social que se iniciaba requería algo mas que las simples técnicas de siembra y recolección estacionales. Los elementos productivos básicos, el cerdo, la uva y el cereal, necesitaban de industrias de transformación mas complejas que las usadas por los pueblos islámicos. Consecuencia de esta misma exigencia es la aparición en estas tierras de nuevos ingenios y útiles diversos. Tras el guerrero que posibilita el acceso y del colono que inicia el repoblamiento, se asienta en las áreas conquistadas todo un mundo de oficios nobilísimos, entroncados en la mas pura tradición gremial castellana: carpinteros de taller y de “fuera” , herreros, curtidores, toneleros y maestros de lagar entre otros. Usando básicamente materiales comunes como hierro de forja , maderas de diferentes especies de árboles, cal, arena, piedra y ladrillo, se fabricaron los primeros artefactos para una incipiente industria que iba a perpetuarse hasta mas allá de sus orígenes medievales.

11 abril 2009

EL RIO ODIEL ( V III )

Ricardo Gómez Ruiz

En 1248, Fernando III toma Sevilla y cinco años después el Rey Sabio fija el alfoz de la ciudad . Era tan extenso que sus límites occidentales estaban en el Guadiana y, por el Norte, se extendían hasta el Ardila. Comprendía Cortegana, Almonaster, Zufre, Aracena, Aroche, Sotiel, Tejada y El Cerro. El documento no nombra, lógicamente, ni a Zalamea ni a Calañas, entonces simples lugares. Ni tampoco a Facanías, una venta en un cruce de caminos. Sin embargo, la mención de Sotiel revela la importancia del cenobio como santuario mariano ya en aquellas épocas.

Se deduce que, siendo pioneros en la reconquista del suroccidente peninsular los portugueses , toda la comarca que cruza el curso medio del Odiel estuvo sometida a constantes incursiones bélicas de uno y otro bando pues los límites aún no estaban definidos.

Poco tiempo iban a estar estas tierras incluidas en el alfoz hispalense. En 1279, la villa de Almonaster y “el logar que dicen Calamea” pasan a formar parte de los bienes de la mitra arzobispal mediante trueque por Cazalla . Y el 1283, los territorios del antiguo reino de Niebla, entre los que se incluye ya Calañas, son cedidos por Alfonso X a Doña Beatriz, su hija natural y reina de Portugal .

En la segunda mitad del Siglo XIV, Calañas y Facanías pasan al poder de los Guzmanes ; Zalamea y Almonaster consiguen ser realengas entre 1567 y 1592 mediante compra a Felipe II. La primera de estas localidades consigue perpetuarse como bien realengo; la segunda vuelve a enfeudarse en 1632 y, al igual que Valverde y Calañas, permanece así hasta la abolición de los señoríos .

Las distintas vicisitudes a que dieron lugar las luchas lusocastellanas en el llamado Pleito del Algarve terminaron con el Tratado de Alcañices de 1297 aunque antes, las fronteras de ambos reinos debieron cambiar en distintas ocasiones. De todos modos, es evidente que estas tierras habían dejado definitivamente de ser islámicas a mediados del Siglo XIII.

La cristianización de las distintas comarcas del suroccidente ibérico se presenta como un proceso rápido, realizado con gran eficacia militar. Tuvo carácter de conquista, en el mas estricto sentido que la palabra implica como invasión cruenta. Y fue llevado a cabo por las Ordenes Militares bajo las directrices políticas de Portugal y Castilla.

Y junto a la espada, la Cruz. La organización básica de los nuevos territorios fue obra de Don Remondo, primer Arzobispo de Sevilla . No eran épocas de tolerancia. El espíritu de Cruzada predicado por Inocencio III exigía el exterminio de una religión y una cultura por lo que los vencedores cristianos, en menos de una década, impusieron sus normas de vida y, cuando no, la esclavitud y el exilio .

En esta zona del Odiel, sujeta a incursiones de castellanos y portugueses , las acciones de pillaje debieron ser especialmente intensas y destructivas dados los escasos restos arqueológicos que en ella han sido hallados, realidad no solo imputable a la indigencia de sus habitantes. Es razonable pensar que si aquellas poblaciones poseían como mayores bienes sus ganados, éstos fueron esquilmados en las acciones de rapiña obligando a sus dueños a movimientos migratorios .

En las zonas mas ricas, el moro vencido fue, en cierta medida, un instrumento de producción por sus habilidades artesanales y conocimientos en máquinas y sistemas de riego por lo que permaneció en los territorios conquistados bajo diversas formas de dependencia. Tal sucedió en el Levante ibérico, en el valle del Ebro y en otros lugares donde era útil su laboriosidad . No parece ser este el proceso seguido en estas tierras broncas bañadas por el Odiel donde no hemos
hallado ni siquiera indicios de industrias hidráulicas de origen musulmán. Existe una significativa ausencia de restos sobre la presencia islámica en ellas lo que apoya la hipótesis de una cultura silvopastoral de escasa entidad que se mantuvo, sin apenas variar, durante quinientos cincuenta años. Y cuya cristianización fue un hecho traumático, de características violentas, que erradicó en muy escaso tiempo tanto a una etnia como a sus modos de vida. Con hechos de guerra se eliminaron a aquellas poblaciones de rudos pastores asentados en zonas de paso y vigilancia entre las koras del Sur y el iqlim de al-Munastir donde se mezclaban las costumbres de los pueblos celtibéricos con aportaciones de los beréberes y sirios del Yund de Emesa. De la presencia islámica en estas tierras solo han quedado muy escasos testimonios y algunos topónimos castellanizados .

Tras algunas décadas de despoblamiento , los nuevos colonos aportaron a estas tierras una religión y un sistema tributario complejo . La naciente sociedad cristiana se estructura en orden a la de sus lugares originarios castellanos y leoneses, imponiendo usos y costumbres que han pervivido prácticamente hasta nuestros días.

Aún se pueden intuir raíces medievales cristianas investigando en el viejo folklore aldeano y en las tradiciones y labores del quehacer diario: el tamboril y la flauta de las cruces de Mayo, las cadencias y consejas, algunos cuentos conservados por tradición oral, ciertas prácticas de labranza y laboreo, utensilios y oficios gremiales son indicios de aquella cultura de conquista que aún se detectaba en esta región hacia los años sesenta.

Pero aparte los escasos testimonios que aún nos quedan de estos usos ancestrales, la sociedad de esta comarca poseía, hasta hace escasas décadas, tres aportes culturales que impregnaban sus conductas vitales. Fueron traídas por las poblaciones norteñas y las tres se muestran imprescindibles para el cristiano medieval. Su implantación acarrearía un cambio radical no solo en las estructuras sociales sino también en el ordenamiento ecológico de los paisajes primitivos.
Fueron aquellos aportes la explotación del ganado de cerda, el cultivo de las vides y la siembra de cereales de secano en tierras poco apropiadas para ello.

10 abril 2009

EL RIO ODIEL ( V II )

Ricardo Gómez Ruiz

Tampoco sabemos con exactitud cuales pudieron ser los límites de las primeras koras pero sí que en diferentes épocas del poder islámico cambiaron frecuentemente de situación.Datos documentales indican que el iqlim de Almonaster, perteneciente a Beja, pasó a depender de
Isibyliyya en época califal y que, posteriormente, en las tierras del reino de Niebla estaban incluido los lugares de Facanías y Calañas . Los Campos de Tejada, localizados al sureste de esta comarca, fueron durante años zona de transición desde el Aljarafe, Niebla y la sierra.

Mas de cinco siglos estuvieron los pueblos islámicos asentados en este tramo del Odiel. De la misma orografía se deduce la vida de frontera de un escaso sustrato humano con economía de autoabastecimiento, dedicado a actividades silvopastorales rudimentarias .

Fueron de etnias bereberes y zenetas de Afriquiya los primeros musulmanes que se asentaron en la zona . Por similitud en modos de vida, no debieron tener apreciables fricciones con el llamado foco céltico del Sur , los primitivos pobladores que habían conservado sus modos de vida, ligadas al pastoreo, en unas tierras áridas y montuosas pobladas de bosques, tan semejantes en paisaje a las del Atlas rifeño.

Al organizarse administrativamente al-Andalus, la sierra de Huelva fue adscrita a la kora de Beja. Al Sur, en Lusitania. estaba la de Ocsonoba y al Este la de Lebla. Si admitimos como constante histórica que los accidentes geográficos han sido en todas las épocas divisorias naturales, pudiera ser que el río y la rivera Olivargas actuaran como límites desde épocas muy anteriores a los documentados en el Siglo XV lo que explicaría, en parte, la escasa relación que ha existido entre Almonaster, Calañas y Zalamea a lo largo del tiempo.

Posteriormente a los asentamientos rifeños, estas áreas centrales de Huelva conocieron una nueva inmigración. Fue cuando los sirios de Baly Bisr, derrotados junto a Ceuta en una de las luchas entre grupos islámicos rivales, fueron deportados por el gobernador Abd-al-Malik Ibn Qatan a tierras montuosas de Málaga y El Algarve. Eran tribus belicosas que se rebelaron contra el emir Abderramán. Fueron pacificadas definitivamente durante el Califato de Córdoba .

Rota la unidad del Califato, se asientan en las tierras de Huelva las taifas de los Banu Yanya de Niebla, los Bakries de Huelva y los ben Mastaba de Badajoz. Son reyezuelos bien conocidos por la Historia que se enzarzan en sangrientas luchas intestinas por ampliar los límites territoriales de sus estados. Se siguen presentando tres circunscripciones políticas pero desconocemos las demarcaciones exactas de estos reinos que hubieron de conocer cambios constantes ante los numerosos conflictos. Solo sabemos que el de Badajoz incluía a Almonaster.
Poco se sabe con certeza sobre las invasiones africanas en el área. Cuando las tribus lamtuníes, ante la angustiosa llamada de al-Mutamid , invaden la Península y fundan un imperio, hubo cierta resistencia en Badajoz, reino en el que estaban incluidas parcialmente estas tierras . También son conocidas las trágicas consecuencias que para la espléndida cultura andaluza sevillana de la época tuvo la ortodoxia de los almorávides, mas para esbozar siquiera una perspectiva de cuales fueron las relaciones de los invasores con la población asentada en esta comarca hay que basarse en hipótesis, presumiendo una sociedad anclada en usos agrarios y pastoriles, extremadamente pobre, que acepta con agrado la exención de los tributos ilegales impuestos por los taifas para el pago de parias y la vuelta a las fuentes originarias de la tradición coránica.

El rey almohade Abl al-Mamun, cuando fija la capital en Sevilla en 1161 puso gran atención en las fronteras de su reino, sobre todo en los peligrosos caminos del Norte. Y así, reforzó las defensas de la sierra . De aquella época pudieran ser todos los sistemas defensivos que, con el nombre de castillejos, servían fundamentalmente como oteaderos emisores de señales ante el creciente empuje cristiano . Dos de estos baluartes se localizan en el área de estudio, ambos con una panorámica geográfica excepcional, como concebidos en un plan de estrategia global* (Foto 8)
(*)El Mónago y el de Sierra de León. Ambos son recintos fortificados,
construidos en laja unida con arcilla.
En su interior se detectan indicios de antiguas construcciones y
cuencos de piedra teñidos de hematites, posiblemente restos de
industrias rudimentarias de tinción de paños.

24 marzo 2009

EL RIO ODIEL ( V I )

Ricardo Gómez Ruiz

Valverde del Camino, feudo desde el Siglo XIV , comienza un desarrollo espectacular con los inicios de ferrocarril , tras la abolición de los señoríos , y se convierte en el centro económico administrativo de El Andévalo aunque no esté incluido geográficamente en él.

Calañas, citada como lugar en época tan tardía como 1788 , fue también feudo ducal a la par de Valverde. Es la única localidad realmente andevaleña de todos estos pueblos y la que mejor conserva la antigua cultura agraria de la zona.

Cuatro localidades a las que hicieron diferentes sus circunstancias políticas pero que tienen en común largos períodos de tiempo enfeudadas como bienes eclesiásticos y señoriales. Ello condicionó, junto a factores geográficos, sus diferencias con La Sierra, realenga desde mediados del Siglo XIII. Centro de interesantes culturas en épocas antiguas , factores ecológicos hicieron languidecer a esta comarca hasta que la necesidad de materias primas para la industrialización de Europa puso en explotación sus inmensas riquezas mineras.

Ante la escasez de datos documentales, la historia de la zona se ve envuelta en fantasías. Por aquí hubo de estar localizada la antiquísima Cotina(1) pero, en realidad, nada sabemos de su exacta ubicación. Muchas interrogantes se presentan sobre la presencia visigótica en la zona aunque es un hecho cierto que en ella se asentaba una población tardorromana escasamente cristianizada en tiempos de las invasiones germánicas . Hay constancia de obispos en Niebla durante el Reino de Toledo , cuando Almonaster era ya un centro monacal de cierta importancia. En estas épocas, las fronteras de la Bética estaban en el Guadiana y Occsonoba, en la Lusitania, poseía obispado. No hemos encontrado datos que demuestren bajo qué influencia política estuvieron estas tierras en tiempos de los visigodos aunque todo apunta hacia la jurisdicción del conventus hispalense.
Existía una iglesia en Almonaster y una ermita junto a Sotiel pero ignoramos todo de aquellas poblaciones, sus relaciones con en sustrato étnico originario y la nueva estructura política que emanaba de metrópolis como Mérida, Híspalis e Ilipla.

El proceso de islamización de estos territorios bañados por el curso medio del Odiel es, así mismo, desconocido. Aquí, al parecer, se refugiaron magnates visigodos cuando la rota de Wadi Lago , perseguidos por Abdalazid. Seguramente por ello, leyendas en torno a Don Rodrigo, romanzadas en épocas tardías , dieron pié a la tradición sobre el santuario de la Virgen de España (Foto 7) pero, en realidad, aparte algunas monedas de la época encontradas en sus alrededores, nada demuestra en él un origen visigótico. Totalmente restaurada en 1856 , esta ermita, por su planta y morfología, parece haber sido construida en el Siglo XIV como otras tantas iglesias extramuros de Huelva, aunque quizás sobre los cimientos de un antiquísimo cenobio paleocristiano.

Muza, en su acción conquistadora, recorrió las tierras entre Sevilla y Mérida en el verano del año 713 aunque no parece que existan datos rigurosos para afirmar que atravesara el Odiel dando nombre a Valdelamusa (Fach Musa), la aldeita de Cortegana, convirtiéndose sus habitantes en clientes del emir .
(1).La Geografía de Estrabón (63 a. C, 21 d. C.), al tratar de los ríos,
dice:
...paralelas al río (Betis), por el lado Norte...corren sierras llenas
de metal...Hay mucha plata...En los Kotinae se cría oro y
cobre...Estas sierras están a la izquierda para los que suben el
río...

20 marzo 2009

EL RIO ODIEL ( V )

Ricardo Gómez Ruiz

Uno de ellos fue la entrada natural a El Andévalo desde La Campiña y se iniciaba en el actual Valverde del Camino, vadeando el río unos cientos de metros aguas abajo de Sotiel. No aparecen restos de sillares, posiblemente inundados por la construcción de la llamada Presa Larga. Estuvo en uso hasta la construcción del puente de Coronada y su paso, en Invierno, acarreaba contínuas desgracias .

Junto al molino de Santa María existe constancia de un camino medieval desde Zalamea a Calañas . Documentado desde el Siglo XVIII, con barquero de vado, sirvió hasta la construcción del puente de tablas cuyos altos pilares se conservan junto al molino de La Higuera. El trazado de la comarcal A-478, con su puente, hizo inoperativos ambos pasos .

También hay indicios de un viejo vado en Almendro Amargo, cerca de los restos del batán del mismo nombre, en la confluencia de la rivera de El Villar con el río. Junto al enorme puente construido por la Alkali en 1909 hay basamentos de origen muy antiguo, fabricados en piedra y argamasa, pertenecientes al llamado camino de Citolero que unía las industrias maquileras de Calañas con los campos cerealistas de E Buitrón y Valverde del Camino.

Y, finalmente, otra vieja senda cruza la comarca. Es la que recibió el nombre de Camino Real y que, en realidad, son dos caminos: uno de ellos permitía el acceso a la sierra desde los campos de Tejada. Pasaba el río Tinto junto al Molino Viejo que se ubica cerca de la derruida estación de
Berrocal y, por las aldeas de Marigenta y Los Membrillos, atravesaba el perímetro urbano de Zalamea para dar en un lugar conocido como El Español , en el término municipal de El Campillo. Allí se unía con otro procedente de Gibraleón, en la ruta determinada por el Itinerario de Antonino. Este camino es aún perfectamente identificable a tramos, desde Valverde del Camino hasta la unión con el primero. Ya unidos en uno, éste cruza el río Odiel por el vado de La Posadera para acceder, por Los Patrases , a la ermita de Santa Eulalia. En su trayecto pasa “las apretaduras“ de La Escalada , orientándose hacia Almonaster donde enlazaba con otras rutas de la sierra.

Con referencias antiguas dudosas , es posible que este camino conectase en épocas islámicas las koras de Lebla y Awnaba con el iqlim de al-Munastir. Las huellas de un trasiego de siglos están grabadas en las rocas que atraviesa. Fue, a la par de vía de comunicación humana, camino de
transhumancia de ganados . A principios del Siglo XVI llegaban por él los productos de Las Extremaduras para serembarcados en San Juan del Puerto .

LA HISTORIA

Las tierras de Huelva fueron áreas de rapacidad y conquista en muchos períodos de su historia. Desde los pueblos del mar que, atraídos por las riquezas de Río Tinto y Tharsis, mantuvieron contactos con los primeros metalúrgicos de Europa hasta el colonizaje de sus minas por compañías extranjeras en el Siglo XIX, muchas etnias y culturas dejaron la huella de su paso en esta Provincia. Buscaban, lógicamente, las zonas mas ricas en pesca, minería y agricultura para su asentamiento y no las que ofrecían escasas posibilidades para su explotación.

En estas áreas marginales, situadas en las fronteras de El Andévalo, ningún pueblo puso su interés como lugar de asentamiento permanente en épocas históricas, debido a su escasez de recursos y escabrosa orografía. Habitada durante siglos por una escasa población al borde de la subsistencia, guardó, hasta hace pocas décadas, manifestaciones folklóricas de raíces muy antiguas y costumbres ancestrales.

Para conocer las peculiaridades de la región es necesario analizar sus condicionantes históricos. Dos extensos términos municipales, Almonaster y Zalamea , fueron bienes de la mitra hispalensedurante largos años, hasta los tiempos de Felipe II. . Se diferencian después de comprar su “exención y libertad”. Las circunstancias políticas y las fronteras naturales del río se presentan como elementos disgregadores de ambas poblaciones.

03 marzo 2009

EL RIO ODIEL ( IV )

Ricardo Gómez Ruiz

Los Pasos

Este paisaje agreste nos muestra unas características poco apropiadas para el asentamiento humano. Por él corre un tramo del Odiel donde son evidentes las dificultades de acceso en ciertos lugares. Los pasos se intuyen observando los accidentes, en las zonas mas accesibles, pero de ellos, hasta épocas históricas, no se han encontrado restos. Las primeras construcciones en el río son de época romana.

A la altura de Gibraleón y en el lugar conocido como Pasada del Zuar quedan testimonios de una gran obra cuyos basamentos poseen un claro origen romano, con posteriores transformaciones y arreglos. Cruzan de orilla a orilla una serie de pilares a baja altura sin restos de arcadas entre ellos lo que hace suponer que en el pasado existió un puente de tablazón entre aquellos, con escotillas que permitían el flujo mareal. En las crecidas del río, con el piso inundado, el paso de hombres y bestias había de mostrarse problemático .


Paso antiquísimo, formó parte de la red viaria romana incluida en la Relación de Caminos de Hispania, de tiempos de Emperador Caracalla, conocida también como Itinerario de Antonino. Tan importante vía conectaba el actual Algarve portugués, quizás desde Ocsonoba , con Emérita Augusta, pasando por Onoba , Ilipla e Híspalis . Este paso lo nombra el moro Rasis a finales del primer milenio, cuando ya estaba destruido. Fue reparada, con grandes sacrificios tributarios,
en el último tercio del Siglo Dieciséis . Hace unos doscientos años era conocida como Zúa de Gibraleón y Madoz la cita en su Diccionario Geográfico .



Algo mas arriba, en la junta del Oraque, está el vado medieval de El Galame, por donde cruzaba el Odiel el camino real que, desde Trigueros, pasando por el arroyo Odimeca, los Castillejos y el rincón del Granado, terminaba en Mértola.



Otra vía de paso en el Odiel, también de origen muy antiguo, se localiza aguas arriba, en el término municipal de Campofrío. Es un puente documentado en el S.XVII como “la puente vieja” (Foto 6). De dos ojos, sus bases son pilares graníticos labrados y presenta arcaísmos constructivos locales como ladrillería grande de grano basto y arcos apuntados ligeramente irregulares. Revela distintas reparaciones. La mas antigua, sobre los basamentos, parece ser de época bajomedieval.


Este puente, citado por Madoz a mediados del siglo Diecinueve y definido por Coello como puente romano fue construido en época incierta y está ubicado en el camino que conectaba la vía romana de la sierra, desde Pax Iulia a Híspalis con la actual Cuenca Minera de Río Tinto y desde allí, por Beas, hasta el embarcadero de Ilipla . Pudo ser parte de la vía Callensis Emanici. El Itinerario Anónimo de Rávena , al nombrar el camino de la sierra por Pax Iulia y Arucci hasta Itálica, la orienta a la derecha de éste . La conjunción de ambas rutas se hallaba, probablemente, a la altura de la actual Aracena . Esta vía está claramente señalada en el mapa realizado por el Presbítero Don Juan Antonio Delgado en 1795 para las Relaciones de Campofrío a Don Tomás López de Vargas y era paso natural desde las minas a la sierra hasta la construcción de la carretera comarcal 501.


Estos tres pasos se localizan fuera de los límites geográficos del estudio. Fueron, sin duda, los mas importantes pero también pasaban el río otros caminos desde tiempos antiguos.

18 febrero 2009

EL RIO ODIEL ( III )

Ricardo Gómez Ruiz

En 1886 ya estaba contaminado el arroyo Mojafre, el que da sus aguas a Olivarga. Y la rivera Escalada, por los vertidos de San Miguel. Once años después se nombra a la rivera de El Villar como rivera Amarga, alterada por los vertidos de Castillo del Buitrón. Pocos años después comienza a trabajar San Platón y el 1904 la rivera Seca presenta “enturbiamiento” por la actividad minera de La Esperanza.

El proceso de alteración de la cuenca prosiguió a ritmo creciente, paralelo a la intensificación de las explotaciones. El beneficio de minerales por calcinación al aire libre, tan lesivo para la vegetación, fue sustituído, ya bien tarde, por sistemas de canaleo (método Doetsch), cuyos residuos ácidos y carbonatados iban a parar directamente al río desde las conducciones y balsas.


La United Alkali Company Limited, filial de la Imperial Chemical Limited, propietaria de Sotiel, El Tinto-Santa Rosa y otras minas desde 1905, beneficiaba sus minerales, mediante el procedimiento de canaleos, en Las Viñas y Los Hundimientos .(Foto 5) Y Río Tinto, en plena actividad por aquellas fechas, contaminó irreversiblemente el río Tintillo desde Corta Atalaya, cuyo proyecto de explotación a cielo abierto se inició un año después.

Es indudable que la intensa actividad de los complejos mineros alteró biotopos ancestrales. Un siglo mas tarde, un paisaje único se extiende por parte de estos campos causando en el visitante que por primera vez los recorre sensaciones encontradas de consternación y asombro, idénticas a las que tuvieron viajeros antiguos al contemplar los escoriales de las minas onubenses.

El río Odiel, transcurriendo entre “vacies” y escombreras, mantiene hoy altos índices de alteración y no permite vida superior en el seno de sus aguas. Su corrección se presenta
problemática. Pero, a la vez, la ingente obra humana que causó su degradación permite hoy la explotación, aún incipiente, de la potencial riqueza turística que suponen unos lugares únicos, que pueden ser, sin duda, un factor a considerar frente a la crisis de la minería onubense.

Limites

Debido a la pobreza de recursos y a su escasa población humana, constantes en esta zona central de Huelva, no se han presentado en ella, pasada la fiebre minera, proyectos de modernización y el Odiel sigue siendo hoy, como en tiempos pasados, una barrera orográfica por su carácter
torrencial, régimen irregular y encajes profundos. Fue, y lo es aún, en cierta medida, una frontera natural entre poblaciones.

Un curioso pliego del Siglo XV, consecuencia de los interminables pleitos que los señores de Niebla mantenían con el Concejo hispalense por cuestión de términos delimita a
El Andévalo con topónimos aún perfectamente identificables en su mayoría. Así, nos indica las fronteras orientales de esta vieja comarca en La Alcolea, Facanías, el río Odiel desde el Oraque a la Olivargas y, aguas arriba de esta rivera, hasta Cerrejón Blanco, hoy Cabezo Montero,
en el Cerrojón actual, lugar localizado en Silos de Calañas. Mas al Este y limitando asimismo con este Campo deAndévalo, quedaban los términos de Almonaster y Zalamea “que son del Arzobispo de Sevilla”. Ello demuestra que a finales de la Edad Media ya estaban conformadas
las demarcaciones territoriales de varios poblamientos actuales onubenses: Gibraleón, Valverde, Almonaster y Zalamea. El Odiel y sus afluentes actuaban de fronteras naturales entre ellos aunque, pese a ser tan precisas, dieron lugar a numerosos pleitos. Y aún actualmente, esas fronteras siguen siendo barreras considerables que dificultan la relación humana.

Es razonable pensar que dichas demarcaciones fueran establecidas tras la conquista por Castilla, aunque con límites todavía inciertos, amplia movilidad de los vecinos para aprovechar los recursos de los diferentes términos y en régimen de Concejo Abierto.

Arqueología

Es un área que revela considerables arcaísmos. Cuna de los mas viejos iberos de España, sus tierras formaron parte de la Beturia céltica, con sus dioses indígenas y cultura propia.
Deshabitada hoy, guarda los restos de un pasado remoto.

Por los cerros que acunan al río, la huella del hombre es numerosa: sílex tallado, martillos de piedra, megalitos, cistas, escoriales y minas con huellas indudables de labores antiguas muestran una Prehistoria densa y aún poco conocida.

Existen en la zona yacimientos romanos sin estudiar y testimonios de épocas visigóticas. Algunos oteros presentan restos de tejas digitalizadas con rebordes ondulados de dudosa cronología y en las vertientes mas abruptas, muretes defensivos, hitos y vaguadas en laja con idéntica técnica constructiva que dos grandes recintos amurallados, localizados en las cumbres mas altas.
(ej.El monago)

31 enero 2009

EL RIO ODIEL ( II )

Ricardo Gómez Ruiz

El Río

A estas tierras dio su paisaje característico, vida y razón de ser a las diferentes culturas asentadas en sus márgenes el río Odiel, el Luxia romano, el llamado río de la Sal o de LosPuentes por el moro Rasis a mediados del Siglo X.

Ya en 1240, cuando Sancho II de Portugal toma Ayamonte, se cita al Odael y veinticuatro años mas tarde es nombrado Gudiel. Un siglo después, el Alcalde y Entregador del Concejo de la Mesta le denomina Guadiel y distintos documentos de archivo de los Siglos XVII y XVIII nombran al Odier, Hodier, Uruel y Huriel indistintamente.

La abundante información documental que existe sobre este curso de agua nos permite trazar una panorámica ecológica de su evolución a lo largo del tiempo:
Transcurre el río...entre montes demasiado altos...y no sirve su agua para otra cosa que para mover molinos de pan. No admite navegación...por los muchos y grandes peñascos que tiene en su fondo. Era temeroso en sus borrascas y de difícil vado en Invierno.

Tuvo en otras épocas...aguas de calidad exquisita...con pesca y...almejas en sus fondos arenosos. Sus márgenes estaban pobladas de bosques, frutales y huertas. También había tierras de labor que se extendían por los cerros colindantes.

Contínuas desgracias se daban en años de avenidas...siendo muchos los que morían “impelidos por la necesidad de paso”. Caudaloso en Invierno, ni aún en los meses de estiaje se vadeaba con facilidad.

En las presas de algunos molinos ofrecía sus servicios el barquero de vado. Criaba pescados de agua dulce que capturaban con red los molineros en las aliviaderas del herido.
El Odiel no servía para riego porque los terrenos que cruza son...estériles y de poca humedad, solamente útiles para...mover molinos de agua.
Las charcas estivales se usaban como enriaderos de lino y toda su cuenca hidrológica, además de soportar una considerable cabaña ganadera, abundaba en caza menor. Los lugares mas remotos eran “colegio insigne de lobos” y estaban poblados de reses cervunas y “jabalunas”.

Se nos muestra, por consiguiente, el Odiel como un río vivo en épocas pasadas, poco rentable para usos agrícolas por carecer de amplias vegas en sus orillas pero imprescindible como fuente de energía para panificar las cosechas de cereales sembradas en zonas periféricas.

Una economía agraria basada en el campo adehesado y el cereal de secano demandaba industrias maquileras mas tecnificadas que las tahonas familiares movidas a sangre.
De ahí la sorprendente cantidad de molinos hidráulicos que funcionaban en sus orillas. Este tramo del Odiel, de aguas muy rápidas, salva un considerable desnivel en la zona de estudio por lo que su corriente es aprovechable para el girar de rodeznos y así lo intuyeron los constructores de aquellas máquinas del pasado. Es evidente que los usos del agua se diversificaban mas abajo, a la altura de Gibraleón, donde, junto a otros molinos, existía pesca industrial, tráfico fluvial de escaso calado y extensos regadíos.
Aunque se citan arroyos agrios afluentes al Odiel desde el Siglo XVI, la alteración de sus aguas comenzó en la segunda mitad del pasado siglo, cuando se inició la explotación tecnificada y a gran escala de los complejos piríticos ubicados en su red de drenaje. Yacimientos que permanecían inactivos, muchos de ellos, desde los tiempos del Imperio Romano, menos entidad, comienzan a ser explotadas con la tecnología mas moderna de la época. Mas tarde, iniciado el siglo veinte, entran en actividad San Platón, El Tinto-Santa Rosa y La Esperanza.Todas estas minas vertían a la cuenca del Odiel su química de desecho sin correcciones.

25 enero 2009

EL RIO ODIEL ( I )

Ricardo Gómez Ruiz

EL PAISAJE

De las comarcas que conforman la actual Provincia de Huelva poseemos hoy una visión histórica bastante completa.
Las minas de Río Tinto, el reino de Niebla, los distintos señoríos y, por supuesto, el descubrimiento y la colonización de las Indias han tenido suficiente entidad como para dejar abundante información tanto documental como arqueológica.
Numerosos investigadores han centrado su atención en ellas, sobre todo en las últimas décadas y sus aportaciones, generalmente sectoriales, han contribuido valiosamente al conocimiento de nuestra historia.

Existe sin embargo una región, localizada en el centro geográfico provincial (Mapa 1), de la que se poseen escasas referencias. Es la que, limitada entre las estribaciones de la Sierra y los campos cerealísticos de la Tierra Llana,
conforma una peniplanicie de lomas onduladas partida en dos por la depresión del río Odiel. Area de economía marginal, tierra por lo común de paso y de frontera, presenta
amplias lagunas documentales en el tiempo. Se echan en falta estudios sistemáticos, apoyados por una paciente labor archivística, que nos ayuden a comprender su historia real,
tan envuelta a veces en leyendas.

Entre los altos cabezos, el Odiel recorre estas tierras en uno
de los paisajes mas desolados de Andalucía (Foto 4.).
Desde el puente de Los Cinco Ojos, en la carretera nacional
435, hasta el de Coronada, junto a las minas de Sotiel, el
río, profundamente encajado en una falla, se desliza entre
peñascos y represas con sus aguas cargadas de óxidos metálicos.
En las cimas, la visión de su cauce semeja una cinta sinuosa de colores rojizos que contrasta con el verdor intenso de eucaliptos y pinos y los grises apagados del encinar relicto que aún se conserva entre las manchas de matorral.

Son treinta kilómetros de soledad que ocupan parte de los términos municipales de Valverde del Camino, Calañas, Almonaster la Real, Zalamea la Real y El Campillo. No hay en estos campos cortijos habitados ni presencia humana permanente.
Solo casas ruinosas, majadas cubiertas de lentiscos y viejos caminos de cabra entre el jaral.

No parece que estos suelos pobres, con escasa potencia en su capa arable y asentados en un sustrato pizarroso hayan sido capaces de sostener en ningún tiempo pretérito una densa población humana. Es “tierra estérile e que cogen de ella poco pan”, con una clara vocación forestal. Su bosque primigenio, adehesado por el hombre desde tiempos neolíticos, ha sido transformado hoy en casi su totalidad en monocultivos con especies de crecimiento rápido.

El sustrato vegetal originario es pobre en diversidad, con predominio de cistáceas y quercíneas, formando un paisaje muy alterado por la acción humana, típico de la Iberia de Veranos Secos. Las sutiles diferencias botánicas que se detectan entre algunas zonas son debidas a condicionantes edafológicos y de localización mas que a ser muestras de diferentes ecotonos.
Un peculiar endemismo en expansión forma prados en las riberas del río y, como testigos residuales de un bosque galería que en épocas pasadas cubrió sus márgenes, aún subsisten
en ellas escasos ejemplares de árboles hidrófilos.

La diversidad faunística del área presenta a lo largo de los últimos años una severa degradación, habiendo llegado hoy a extremos difícilmente reversibles. Es complejo el análisis de este fenómeno de desertización zoológica. Posiblemente hayan sido varios los factores que han venido a incidir en el proceso, todos englobados en lo que podíamos definir como cambios de costumbres de una sociedad tecnificada que no parece haber asimilado de forma razonable el binomio conservación-progreso, haciendo una dualidad dicotómica de ambos conceptos.